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Prada de la Sierra: "Somos catorce habitantes y otros tantos espantapájaros"

Prada de la Sierra: "Somos catorce habitantes y otros tantos espantapájaros"

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El Belén de espantapájaros de Prada quería convertirse en un motivo para visitar el poblado que estuvo abandonado y lo va logrando. | ISASI SA TOPOLINA Ampliar imagen El Belén de espantapájaros de Prada quería convertirse en un motivo para visitar el poblado que estuvo abandonado y lo va logrando. | ISASI SA TOPOLINA
Fulgencio Fernández | 29/12/2021 A A
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Prada de la Sierra: "Somos catorce habitantes y otros tantos espantapájaros"
Sociedad Prada de la Sierra, el pueblo declarado oficialmente deshabitado y en el que ahora viven 14 habitantes, recurrió a una singular iniciativa para atraer visitas: Un belén con figuras de espantapájaros y "nos ha venido gente a ver... si nos arreglaran la carretera"
Prada de la Sierra, ya lo hemos contado en este periódico, es un pueblo singular, tanto que legalmente no es pueblo, tanto que legalmente no existe pues fue declarado «abandonado» en los años 80 y parece imposible revertir esta situación a pesar de que ya hace años que tiene habitantes, a pesar de que —cómo explica la periodista Paula Cabral, una de las vecinas— «el día de Nochebuena  y todos el invierno éramos catorce habitantes» que es una cifra nada despreciable para este León rural. De hecho, un buen número de los pueblos que han pasado y van a pasar por estos reportajes de la Navidad rural no llegan a esa cifra. 

Y son muchos los pueblos deshabitados de la provincia que mantienen su nombre —en Prada los inscriben como anexionados a Foncebadón—; que tienen su Junta Vecinal —en Prada han tenido que crear una asociación, Nueva Prada de la Sierra—; e ingresan por sus bienes comunales, en Prada les han instalado unos molinos eólicos y lo que paga la empresa lo ingresa  el Ayuntamiento y en este hecho ven los vecinos del poblado la motivación para no legalizar ‘el retorno’ a la vida, un pueblo en reconstrucción  piedra sobre piedra, como reza la inscripción de una pizarra. Y es cierto pues son varias las casas que se han ido reconstruyendo.

¿Y cómo es la Navidad en Prada de la Sierra, el pueblo de los que muchos llaman los sin patria? Paula Cabral recobra por unos momentos su vieja profesión de periodista, trabajó muchos años en la Agencia Efe en Madrid, y lleva la voz cantante, a la vez que pide que no se den demasiadas identidades pues, explica, «lo primero que buscan muchos de los que vienen aquí es paz, tranquilidad...».

- ¿Cuántos erais en Nochebuena?
- Exactamente catorce. Los mismos que pasamos aquí el invierno; se podría decir que es la población estable del pueblo, Prada de la Sierra, que para nosotros sí existe y pagamos nuestro IBI por las casas que estamos reconstruyendo, que cada día son más y el pueblo está cada vez más guapo.

La Casa del Pueblo —que se encuentra en las antiguas escuelas «y se podría  que liberada del abono que le llegaba a media altura de la pared»— es el centro de la vida social, el punto de reunión al calor de su estufa, el lugar de las conversaciones y un eterno concejo abierto.

- ¿Y quiénes sois esos catorce, de dónde venís, cómo llegasteis a Prada de la Sierra?
- Pues la verdad es que somos diferentes y con motivos diversos. No solo en los catorce que venimos, los que nos visitan en fin de semana y muchos que, como en cualquier otro pueblo de León, acuden en verano a un lugar realmente idílico. Hay un grupo de antiguos pobladores de Prada que han recuperado sus recuerdos, su memoria; otros lo hemos conocido y nos ha fascinado, hemos encontrado aquí el lugar que tal vez habíamos imaginado; hay una chica que tiene hipersensibilidad electromagnética y aquí ha encontrado un lugar donde puede vivir sin los problemas que le causan las nuevas tecnologías...

- Porque en Prada no tenéis luz...
- Y estamos a la sombra de un gran parque eólico. Hemos colocado placas solares, cada uno en su casa.
Allí, en la Casa del Pueblo, nació la idea que han puesto en marcha esta Navidad para tratar de atraer a algunos visitantes, de llamar la atención de que están allí, aunque tampoco tengan carreteras y se llegue por dos caminos de tierra: «Pensamos en algo novedoso, diferente, artesanal y decidimos instalar un belén hecho con  espantapájaros, unos en el nacimiento, al lado de la iglesia, y otros repartidos por el pueblo.

- ¿Resultó?
- La verdad es que sí. Se ha acercado gente. Sobre todo un grupo de unos 50 que venían con Topolina Isasy Sa Cadierno, primero visitaron el Belén y después las galerías de las minas romanas.

Han contado además con la ventaja del buen tiempo, para la época, que no ha dejado los dos caminos de acceso impracticables, como había ocurrido en la nevada anterior, la del puente de diciembre.

- Ya que la Navidad va relativamente bien, ¿qué le pediríais a los Reyes?
- Sin dudarlo, que nos asfalten alguna de las dos carreteras que llegan al pueblo (una de ellas es el camino desde la Cruz de Ferro para acceder a los molinos eólicos en el monte de Prada).

Hay que marchar. Se está bien en la Casa del Pueblo, de tertulia, pero como decía el histórico cantinero cuando quería cerrar:«Esta gente tendrá una casa para la que marchar».
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