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Por tierra, mar y aire

Por tierra, mar y aire

OPINIóN IR

12/04/2021 A A
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Por tierra, mar y aire
En el libro sobre Luis de Pablo, Miguel Ángel Fernández, pregunta al maestro qué salida tienen los músicos en España y aquel responde: «Por tierra, mar y aire». Esas no fueron las salidas que tuvimos los leoneses que nos vimos obligados a emigrar en los sesenta. Unos por carretera y otros por ferrocarril salimos camino de la diáspora. Aunque al cronista se le ofrecía la posibilidad de intentarlo por el Esla hasta el Duero y a la mar oceana. Pero, como se decía allí: «En llegando a Pesquera, tú que la viste». Es decir, que aguas abajo, zamoranas, encontraría el enorme dique de un embalse que servía básicamente para producir electricidad y no era navegable. Así que, cerrado el camino del mar, pies para qué os quiero.

Trashumancia física y mística la llama Luis Landero en una entrevista en El País. Otro que también salió de su tierra para ir a Madrid para abrirse paso: «De la represión a la libertad, del seno de la familia a la calle, de un pasado remoto donde se han perdido virtudes y arraigo a una modernidad…». Y, aunque no en todos los casos haya sido así, la mayoría asume la emigración como único camino viable, pues como dice el mismo autor extremeño. «Con la vida hay que pactar, no puedes declararle la guerra».

Con la vida y con la realidad hay que llegar a acuerdos. Eso fue lo que tuvo que hacer Gabriel Albiac, nuestro filósofo de cabecera, cuando comprobó que la transición sobrevenida a la muerte del Caudillo daba entrada en escena a unos políticos que todavía hablaban de revoluciones y a los que pronto se impusieron los populismos españoles que, según Marx, son todos hijos de Simón Bolívar, el peor de los canallas. Y eso de pactar, es lo que buscan los catalanes separatistas. Pero pactar la huida. Nosotros solo tenemos un arma defensiva: fardar, la que nos propone Landero: «Tenemos que fardar de algo, de un tiempo perdido ya». Una vieja navaja barbera con la que se afeitaban nuestros padres y que guardamos como una herida.

Pero los grandes héroes míticos, como Odiseo, luchando por regresar a casa, mientras Penélope aguarda, tratando de engañar a los pretendientes, ya no existen. No se llevan. Y más cuando las generaciones siguientes ya no entienden nuestra nostalgia, o han adoptado en su lenguaje la «concordancia vizcaína». «Amama, del carro te caíste yo» decía el nieto a la Paula, la de Vidanes, quejándose de las heridas en la frente y la brecha en la rodilla.

Por tierra, mar y aire. Para no regresar nunca. Amama, del tiempo te caíste yo.
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