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¿Por qué nos equivocamos al invertir?

¿Por qué nos equivocamos al invertir?

OPINIóN IR

09/06/2020 A A
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¿Por qué nos equivocamos al invertir?
Normalmente decidimos nuestras inversiones de manera intuitiva, rápida y automática (‘sistema 1’ frente al pensamiento lento) e influidos por una serie de ‘sesgos’ que nos pueden llevar a tomar decisiones equivocadas. ¿Qué nos dice la teoría conductual sobre estos ‘sesgos’?

1.- De exceso de confianza: sobreestimamos nuestros conocimientos y juicios subjetivos y los consideramos certeros. No diferenciamos lo que sabemos de lo que creemos saber.

2.- De la ilusión de control: pensamos que tenemos control sobre algo que objetivamente no tenemos. Nos puede llevar a asumir más riesgos de los necesarios. Estar muy informado sobre un tema no significa que lo controlemos.

3.-De la confirmación: interpretamos la información que recibimos o buscamos informaciones que corroboren nuestras convicciones o ideas previas. No somos críticos con la información sino conformistas. O nos rodeamos de gente que piense igual que nosotros.

4.-De anclaje: damos más peso a la información recibida en primer lugar que a una información nueva que la contradice. Nos puede deslumbrar la posible rentabilidad frente a los riesgos que asumimos. Es como la primera impresión.

5.- De la autoridad. Sobreestimamos las opciones de determinadas personas por ser quienes son sin someterlas a juicio crítico. Ojo a los consejos de familiares y amigos.

6.- Del efecto halo. Enjuiciamos a una persona o institución sobre la base de una única cualidad positiva o negativa que hace sombra a las demás. Miramos más la popularidad de un gestor o de un producto olvidándonos de nuestro perfil de riesgo.

7.- De la prueba social. Imitamos a los demás, pensando que tienen más criterios que nosotros.

8.- Del descuento hiperbólico. Elegimos recompensas pequeñas e inmediatas en vez de mayores y alejadas en el tiempo. Alteramos nuestros objetivos iniciales a largo plazo por cuestiones puntuales de corto plazo.

9.- De la aversión a las pérdidas. Damos más valor a una posible pérdida que a una posible ganancia. Nos incentiva más no perder que ganar.

10.-De ‘status quo’. Se toma como punto de referencia el momento actual y cualquier cambio se ve como una pérdida.

11.- De la predisposición al optimismo. Pesa más que el realismo, subestimando la posibilidad de experimentar situaciones negativas.

13.- De la falacia del coste hundido. Mantenemos una inversión en pérdidas ante el temor de perder lo invertido.
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