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¿Por qué no te callas?

¿Por qué no te callas?

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Sofía Morán | 17/03/2019 A A
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¿Por qué no te callas?
A debate La pedagogía nos bombardea con nuevas corrientes de crianza, y las redes sociales se llenan de expertos opinadores, de artículos, de estudios, experiencias y críticas, sobre todo muchas críticas
Si cierro un momento los ojos, soy capaz de visualizar con milimétrica precisión, el lugar que ocupaba el ejemplar del famoso libro ‘Tu hijo’, del doctor Spock, en la abultada librería del salón de mis padres.

Las preocupaciones de las madres por los lloros, la alimentación o la falta de sueño de los retoños no es sólo cosa de ahora. La primera edición de este libro apareció en EEUU en 1946, con el título ‘Libro del sentido común sobre el bebé y el cuidado infantil’, y se convirtió desde el principio en una especie de biblia para las jóvenes parejas de entonces. En la década de los 60 ya era uno de los libros de no ficción más vendidos de todos los tiempos, traducido a más de 30 idiomas y con unas ventas globales que hoy rondan los 50 millones de ejemplares. Casi nada.

El doctor Spock introdujo cercanía y flexibilidad en la rígida y ortodoxa crianza del momento.

«Confía en ti misma, sabes más de lo que crees», dice el libro en sus primeras páginas. Y esa es precisamente la clave, una frase con la que no puedo estar más de acuerdo.
Hoy en día no hay uno, hay mil. Es el negocio de los negocios. Olvídese de su intuición, de su instinto y de su sentido común, compre un libro, estudie, y si tiene dudas, búsquelo en Google.

La pedagogía nos bombardea con nuevas corrientes de crianza, y las redes sociales se llenan de expertos opinadores, de artículos, de estudios, experiencias y críticas, sobre todo muchas críticas.

«Hoy he visto una escena vomitiva, un niño llorando mientras le metían el potito en una cafetería, y para que se callara, la madre va, y le pone el móvil», publicaciones de este tipo acumulan mogollón de corazones, deditos para arriba, retuits y numerosos comentarios de todas aquellas que se rasgan las vestiduras sólo con imaginar la escena.

Y sí, efectivamente digo todas, porque siempre somos las mujeres, y las otras mamás, las que expresamos la crítica más dañina, la más feroz.

Y nos vamos de manifestación al grito de «juntas, somos más fuertes», hablamos sin parar de unión y sororidad, y lucimos orgullosas el lazo violeta en nuestras camisetas, pero luego, a la hora de la verdad, siempre nos pasa lo mismo, siempre tenemos el dardo preparado.

El verano pasado, Tania Llasera compartía en Instagram una foto con uno de sus hijos durante las vacaciones, y acompañaba la imagen con esta genial reflexión: «En el pie de esta foto iba a poner ‘felicidad’, pero luego he pensado que eso es edulcorar la realidad. Nadie parece hablar de lo que son las ‘vacaciones’ con prácticamente 2 bebés… deberíamos cambiar su nombre por ‘acabaciones’, porque acaban con cualquiera… Realidad señoras, sororidad señoras. ¡Venga! Y ahora todos los comentarios criticando de que me queje de tener hijos y de tener vacaciones». Yo me descojoné en cuanto lo leí, sabiendo que nuestras vacaciones, las de verdad, comenzarían el primer día de colegio. Y después de haberme tragado las miles y miles de fotos perfectas, con niños perfectos, madres perfectas, y playas perfectas que inundan las redes sociales cada verano, agradecí el gesto de Tania, tirándonos a todas un poco de realidad en la cara.

Soy absolutamente sincera si les digo que traer a Dimas al mundo, criarlo y educarlo, es, de lejos, la labor más difícil, más sacrificada, intensa y agotadora que he tenido que hacer jamás. Soy una persona aceptablemente formada, informada sobre nutrición infantil, sobre la exposición de los niños a las pantallas, la gestión de las rabietas, los castigos y el aprendizaje de los primeros años. Pero como ustedes ya saben, una cosa es la teoría, y otra bien diferente, la práctica.

Por eso a veces grito como una loca, a veces soluciono rabietas con galletas chocolate, a veces le meto cucharadas cargadas de puré ‘a traición’, y a veces busco la paz enchufándole al niño un capitulito de la Patrulla Canina. Es lo que hay. Pura supervivencia.

A todas aquellas dispuestas siempre a tirar la primera piedra, a las que se creen la reencarnación de ‘la mujer maravilla’, a las de las miradas inquisidoras y los juicios de valor, les pediría hoy aquí dos cosas: silencio y respeto. Nadie os ha preguntado.

A todas las demás, les quiero recordar eso que decía el Dr. Spock en su libro «confía en ti misma, sabes más de lo que crees».

Sofía Morán de Paz (@SofiaMP80) es licenciada en Psicología y madre en apuros
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