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Plaza de disfrute y uso

Plaza de disfrute y uso

OPINIóN IR

17/02/2017 A A
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Plaza de disfrute y uso
Poco queda por decir de las obras de la Plaza de Santa María del Camino, nombre original de la popular Plaza del Grano, que no se haya manoseado ya en estos días pasados. El proyecto que se lleva arrastrando por despachos, periódicos y bares durante más de dos años, se ha cruzado en el tiempo con un desafortunado y mitificado Gamonal, que da tanto miedo al que gobierna como alas al que protesta.

Soy nacido en el barrio de San Martín, e incluso en su día tuve responsabilidades en el movimiento vecinal de este, y en la actualidad resido en el barrio del Mercado, pero además, disfruté de vivir durante un tiempo en Burgos, por lo que me atrevo a decir que las dos realidades no son extrapolables entre sí. Gamonal fue una obra desafortunada y carísima que chocaba frontalmente con los intereses vecinales, que contaban con una forma de entender el barrio muy particular y cooperativista. La reforma de nuestra Plaza, con mayúsculas, da calidad de vida a los vecinos o visitantes con problemas de movilidad y es respetuosa con el patrimonio a conservar, como así atestiguan todos los colectivos técnicos y vecinales preguntados en innumerables ocasiones y, cuando menos, obliga a un mantenimiento correctivo y profesional, no con hacenderas populares, fruto de la falta de intervención de los últimos años.

Cierto es que opiniones hay en los dos sentidos, pero extraña que una reforma urbanística se vea también desde un punto de vista político, con partidarios a uno y otro lado de la obra, como si nuestra plaza ya hubiera sido nombrada por Marx en algún párrafo de El Capital. He llegado a leer en estos últimos días, mas con ánimo de polemizar que de describir la realidad, que en los 25 últimos años no ha habido una modificación urbanística exitosa promovida desde el ayuntamiento, con lo que no puedo estar más en desacuerdo, la urbanización de varios sectores dentro del casco histórico, pueden ser ejemplos válidos de cómo puede quedar la calles que rodean la Iglesia del Mercado después de la intervención.

Que la obra y el entorno son delicados, por supuesto, pero seguro que es más prudente mirar por el bienestar vecinal que marcarse un «¡Teresa, tírate al suelo!», tan bochornoso como descriptivo, que no hace más que desviar el foco de la obligación municipal de la conservación y que unido al aval técnico de Patrimonio y del Colegio de Arquitectos, dan luz y taquígrafos al proyecto. Ojalá, la obra avance hacia adelante y permita el disfrute, pero sobre todo el uso, de un espacio público singular.
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