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Plan estratégico sostenible para el Bierzo

Plan estratégico sostenible para el Bierzo

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En busca de un plan estratégico sostenible para el Bierzo. Ampliar imagen En busca de un plan estratégico sostenible para el Bierzo.
Valentín Carrera | 23/07/2018 A A
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Plan estratégico sostenible para el Bierzo
Arriba las ramas Por Valentín Carrera
Lo ha expresado con claridad la empresaria más cualificada del Bierzo y una de las emprendedoras más brillantes de España, Beatriz Escudero: «Me gustaría tener un plan de negocio y estratégico del Bierzo, que defina a qué nos queremos dedicar de verdad, como lo tienen todas las empresas. El territorio está preparado para poner en marcha un modelo único en el mundo de singularidad que una la parte agrícola y ganadera, la gastronomía, el turismo, el patrimonio y los recursos naturales». Un plan de negocio y un plan estratégico para el Bierzo: herramientas de planificación imprescindibles en una empresa de éxito, inexistentes en ayuntamientos, diputaciones, autonomías y demás. Aplicadas a un territorio y al colectivo humano que lo habita, podemos hablar de tener una cierta idea de país. Una idea razonable sobre la actividad económica del país, su crecimiento y su desarrollo sano y sostenible. Una cierta idea del Bierzo, por ejemplo.

La tuvieron los romanos: durante 300 años, El Bierzo fue la colonia más rentable del Imperio, aportando a las arcas de Roma 6.000 kilos de oro al año. De aquel expolio que duró tres siglos nos quedaron 500 millones de metros cúbicos de tierra removida (riqueza media de dos gramos de oro por tonelada de arcilla; datos de David Gustavo López en su libro Las Médulas).

Desde los romanos hasta el siglo XXI, ningún rey o gobierno vio en el Bierzo otra cosa que un lugar de paso entre Galicia y la Meseta castellana. Propiedad feudal, moneda de cambio entre condes de Lemos y reyes más o menos católicos, no hay en nuestra historia una sola página en la que los dueños del mundo se preocupen por los pobladores del Bierzo, su salud, su bienestar y su futuro.

Ya en el siglo XIX, en la estela de Jovellanos -lean este verano ‘Nuestros hijos volarán con el siglo’, de Juan Pedro Aparicio-, Enrique Gil y Carrasco es el primero en intuir un futuro para el Bierzo. Además de ser poeta, Gil participó como impulsor en la empresa de su amigo ponferradino José Fernández Carús, que en 1843 inició la explotación de carbón en Viloria. Sin ser un plan estratégico, Enrique Gil sí tuvo una cierta idea del Bierzo en la que valora su paisaje, su huerta, su patrimonio arquitectónico y su historia como tesoros sólidos y permanentes.

El siguiente regeneracionista que esboza una cierta idea del Bierzo, en 1897, fue el emigrante retornado José Castaño Posse en su ensayo ‘Cuatro palabras sobre el Bierzo’. Castaño tiene una visión económica global de la comarca, de su riqueza y posibilidades de desarrollo: pone en valor la castaña, el vino, las hortalizas - «Las frutas de huerta abundantes y exquisitas»-, pero atiende también a los yacimientos mineros, a la industria (harineras, obradores de chocolate, forjas catalanas) y a la red de comunicación y transporte, siendo muy crítico con el trazado del ferrocarril o con la falta de puentes sobre el Sil. Un visionario. En su plan estratégico, a José Castaño le preocupa la salud de los bercianos y nos habla «de un país de los más sanos, sin enfermedades endémicas, gracias a que goza de un cielo despejado, aires saludables y aguas cristalinas».

La propuesta centenaria de Julio Lazúrtegui en 1914, ‘Una nueva Vizcaya’, recupera el modelo colonial del Imperio Romano, entonces convertido en imperio germánico, al fragor de las batallas siderúrgicas de la primera Gran Guerra europea, cuyo esquema se repetirá con el wólfram en la Segunda Guerra Mundial: «Lo que constituye el tesoro primordial del Bierzo es el mineral de hierro (…) y los 80 millones de toneladas de carbones».

A diferencia de Gil y Castaño, Lazúrtegui no ve el paisaje ni los habitantes ni el patrimonio cultural. El ingeniero solo ve toneladas de carbón, hierro y acero para la exportación, que traduce a millones de pesetas. Lo suyo es, en efecto, un verdadero plan de negocio, extractivo y colonial, que en 1918 pareció avanzado y un siglo después sabemos que era y es insostenible. Aprendamos de la historia.

Hay que esperar otro siglo más, y ya son muchos, hasta que Domingo Carrasco Pascual hace el primer estudio sobre la huella ecológica y los indicadores de desarrollo sostenible en el Bierzo, antesala de un plan estratégico a largo plazo que sitúe el bienestar y la salud de los bercianos en el primer peldaño de la escala de valores, por delante de las libras de oro y los millones de pesetas. Y de nuevo el vacío mental, institucional, político y administrativo sobre el futuro del Bierzo, de nuevo la ausencia de un verdadero plan estratégico, de una mínima idea de país.

En las últimas décadas hemos asistido al cierre del carbón desordenado, mentiroso y corrupto (¿dónde están los fondos europeos, matarile, rile rile?), al saqueo de montes, valles y ríos, a la despoblación y envejecimiento, y a la entrega gratis total de los recursos naturales del Bierzo a media docena de empresas coloniales, incluida alguna multinacional sin escrúpulos. Todo ello sin debate democrático, a espaldas de la ciudadanía, en una Comunidad envilecida por treinta años de gobierno monocolor y medios de comunicación amordazados. Ahora que por triplicado -Gobierno Sánchez, PP y Podemos- se propone una Ley de Cambio Climático y Transición Ecológica, la sociedad berciana debería asumir la responsabilidad de escribir su propio plan estratégico. Nuestro futuro no se puede seguir firmando en un despacho de Valladolid, la nueva capital del Imperio. Como decía al principio doña Beatriz: “El territorio está preparado para poner en marcha un modelo único en el mundo de singularidad que una la parte agrícola y ganadera, la gastronomía, el turismo, el patrimonio y los recursos naturales”. ¡Arriba las ramas!
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