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Plan de convivencia

Plan de convivencia

OPINIóN IR

21/10/2021 A A
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Plan de convivencia
El Plan de convivencia escolar es un documento obligatorio e imprescindible en todo centro educativo. En él aparecen establecidos y regulados los aspectos relacionados con la convivencia de todos los agentes que intervienen en un proceso educativo: profesorado, personal de administración y servicios, alumnado y familias. La convivencia escolar es uno de los aspectos fundamentales dentro de los principios de la educación porque va a ser el motor principal del proceso de socialización de los alumnos. Es necesario regular esta cuestión para potenciar su mejora y correcto desarrollo, con el fin de lograr un proyecto basado en valores como la empatía, el afecto, el respeto, la igualdad y la tolerancia. Este Plan de convivencia tiene que estar presente en la Programación General Anual que se está confeccionando esta semana en todos los centros escolares. Además, el Decreto 51/2007, de 17 de mayo, en su artículo 23 fija que en los centros públicos de educación secundaria obligatoria y bachillerato el director designará, entre los miembros del claustro, un coordinador de convivencia que será un profesor con la función de coordinar y dinamizar la realización de las actividades previstas para la consecución de los objetivos establecidos en el Plan de Convivencia de su centro.

La experiencia me dice que los alumnos llegan al instituto a los once o doce años, vienen sin malicia y parecen niños encantadores. En segundo y tercero de ESO les ‘toca’ pasar la crisis insalvable en esa etapa en la que se convierten en muchachos insoportables. Ya en bachillerato vuelven otra vez a la sensatez y cordura. Son muy importantes esos seis años en la vida de estos chicos para madurar sus impulsos y caprichos. Tan importante como enseñarles Matemáticas o Historia es prepararlos para afrontar los retos de la sociedad actual. Es imprescindible someterlos a una ‘doma’ para que adquieran la competencia social y ciudadana. Para esta educación en el respeto deberá tener mucha importancia el Plan de Convivencia para promover los valores democráticos, la solidaridad, la tolerancia y el respeto mutuo. Una buena convivencia exige el cumplimiento de normas comunes. Convivir consiste en aprender a solucionar los inevitables conflictos de una forma positiva. El coordinador de convivencia será el motor de esta actividad tan importante.

Es fundamental que los alumnos conozcan sus derechos y sus deberes: Tienen derecho a que se respeten su identidad, integridad y dignidad personales. Para ello es imprescindible la protección contra agresiones físicas o morales, el respeto a la libertad de conciencia y a sus ideas. Además tienen derecho a disfrutar de una buena convivencia que les permita desarrollar con normalidad sus actividades académicas.

Sus principales deberes serán estudiar y esforzarse para conseguir el máximo rendimiento académico, asistiendo a clase con puntualidad y realizar las actividades y deberes que les encomienden los profesores. También tendrán la obligación de respetar a los demás sin ninguna discriminación por razón de nacimiento, raza, sexo o cualquier otra circunstancia personal o social. Y utilizar correctamente las instalaciones del centro.

Cuando un alumno no cumple con sus obligaciones y deberes, no respeta las normas o perturba la convivencia será sometido a unas medidas correctoras. En primer lugar, el profesor que está presente en la clase o en el patio con actuaciones inmediatas. Según la gravedad del caso se podría pasar a medidas posteriores por considerarlas como faltas leves o seguir un protocolo de mediación o abrir un procedimiento de sanción.

Todo esto estará reflejado en el Reglamento de Régimen Interior y en las Normas de Convivencia para encauzar el cumplimiento de los derechos y deberes de los alumnos. Estos documentos son necesarios en todos los centros educativos. En nuestro caso, en los veintidós años en la dirección del instituto, los tuvimos como red protectora en caso de caída libre en un asunto grave, pero tuvimos la suerte, y estoy satisfecho de ello, de no vernos obligados a abrir ni un solo expediente disciplinario en tantos años. Estoy convencido de que son más eficaces las actuaciones para la resolución pacífica de conflictos, con el convencimiento personal, la experiencia y buena mano del coordinador y la participación de la familia.

En mi opinión, el posible acoso entre alumnos merece una consideración especial. Lo más importante es llegar a conocer ese acoso. Estoy plenamente convencido de que en el mismo momento en el que cualquier miembro de la comunidad educativa comunica a un profesor, al tutor, al orientador, al coordinador de convivencia o al equipo directivo una posible situación de acoso, el problema está solucionado. Si bien es cierto que el acoso es el principal problema de un instituto, también lo es que se le debe dedicar la máxima atención y dedicación por parte de toda la comunidad educativa. Reconozco que nuestra obsesión siempre fue esta: «Que ningún alumno en el instituto sufriera por culpa del asedio, persecución o acoso de sus compañeros». En todas las reuniones de padres, alumnos o profesores insistíamos en lo mismo hasta el aburrimiento. Pero también tengo que reconocer que con quien más éxito tuvimos fue con los propios alumnos. En las reuniones de delegados tratábamos de hacerles cómplices de nuestra cruzada antiacoso. Ellos eran nuestros ojos en las aulas o en los patios. Ellos nos confiaban la información y esta era la ‘medicina’ que necesitábamos. Porque el conocimiento de un caso de acoso era casi simultáneo al final del mismo, con un protocolo de actuación inmediato, contundente y tajante. Si es cierto el Plan de Convivencia y el coordinador son imprescindibles en un centro educativo, también es verdad que el acoso es el principal problema de un instituto y se le debe dedicar la máxima atención por parte de toda la comunidad educativa.
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