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OPINIóN IR

20/10/2020 A A
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Algo huele a podrido, cuando los valores democráticos penden de un hilo, valores como la honestidad y la solidaridad dejan paso a la crispación y a la intolerancia. Nacen líderes en torno a siglas que ya no representan a la mayoría de los votantes, partidos que se disputan el voto extremando sus postulados para sentirse mejores que los otros. Su peso democrático es el de gobernar a cualquier precio, sin atender las demandas colectivas, se inventan o crean necesidades ya olvidadas, con tal de defender su populismo más extremo. Pervierten las instituciones a golpe del insulto más rastrero o del tuit más dañino. Ya hace tiempo que los argumentos han desaparecido para noquear al adversario, dentro del debate de las ideas y las propuestas, han cambiado la responsabilidad y la tolerancia por la incompetencia y la tiranía.

Hasta ahora la derecha había participado y aceptado las reglas del juego democrático, con el respeto a lo diferente y al bien común, pero vemos que líderes como el que gobierna la España centralista, arrinconado por sus socios de gobierno más extremos, deciden retirar la placa dedicada al que fuera presidente del Gobierno en la República, utilizando argumentos tan falaces, que han tenido que ser desmentidos uno por uno, por más de 250 historiadores. Otros, los más exaltados, al mismo tiempo pintarrajean la Estatua de Largo Caballero.

Quizás estos episodios empiezan a visualizarse para crear un conflicto artificial, que a algunos les viene muy bien. La idea es crispar para tapar otras carencias, como la mala gestión en la pandemia, el interés de no dar las cifras reales de contagios, o que la ocupación de camas hospitalarias duplique la media nacional, pero esto no interesa y es cuando el debate se cambia y se interpreta de una manera retorcida la historia y así, disimulan su ineficacia, destruyendo placas y pintarrajeando estatuas. Esperemos que en nuestra Región Leonesa no ocurra lo mismo, aquí de momento con culpar al leonesismo de nuestros males es más que suficiente para evitar hablar, por ejemplo, de la ampliación de las camas de la UCI, o del corredor atlántico, o de las instituciones que deberían estar aquí, por aquello de descentralizar y ser solidarios... o un sin fin de cuestiones, que no toca, mejor dicho, nunca toca.
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