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Los personajes del tío Ful: Javier Manzano, ingeniero, pastor y quesero

Los personajes del tío Ful: Javier Manzano, ingeniero, pastor y quesero

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Fulgencio Fernández y Laura Pastoriza | 13/02/2021 A A
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Los personajes del tío Ful: Javier Manzano, ingeniero, pastor y quesero
Personajes Si el éxito de una iniciativa depende de la pasión que le pongas, en el caso de quesos Zarandiel, de Barrillos, no hay que buscar más explicaciones, Javier y su pasión
«Esto (la quesería Zarandiel) es como una droga para mí, sé que me hace daño pero la necesito. Cuando el día se complica, viene atravesado, necesito como el aire que lleguen las tres de la tarde, la hora de sacar el rebaño al campo, ir con ellas, tener tiempo para pensar, despejar las ideas, vuelvo como nuevo».

Lo dice convencido Javier Manzano, un joven ingeniero de Barrillos de Curueño que, partiendo del rebaño familiar de 700 ovejas, ha creado quesos Zarandiel, artesanía y cariño unidos.

- ¿Qué hace un ingeniero cuidando el rebaño, ordeñando, fabricando quesos, experimentando?

- Puede parecer raro lo que voy a decir pero no tengo ninguna duda: esta idea jamás habría sido posible si no fuera ingeniero y, sobre todo, si no fuera pastor».

Y explica cómo los conocimientos adquiridos en una carrera técnica y difícil, la capacidad de investigar, han sido «fundamentales en los quesos que vamos produciendo, 8 tipos diferentes en cinco años, nacidos a base de investigar, probar, acertar o no».

- ¿El queso estrella?

- Diría que el de pasta blanda y corteza de Penicillium, tipo camembert (de Normandía), pero ya se sabe, para gustos...

Y cuenta una anécdota del método investigar/probar... «este queso de pasta blanca nació de un descuido mío, un error... de los errores se aprende y hasta se acierta».

- Así descubrió Fleming la penicilina...

- No se puede comparar, pero por ahí van los tiros.

Javier cuenta cómo la pasión por su rebaño de ovejas y la fábrica de quesos fabricados exclusivamente con su leche contrarresta esa dedicación diaria que exige, todos los días. «Cuando me casé cogí un día y medio para la boda, y fui a casarme después de haber ordeñado y organizado el día. Al llegar me preguntaron si estaba nervioso y les dije, ‘no, no he tenido tiempo para ponerme’».

Y cuando la vida le agobia... pues saca el rebaño.
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