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Patrimonio sin aprovechamiento

Patrimonio sin aprovechamiento

OPINIóN IR

15/08/2019 A A
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Patrimonio sin aprovechamiento
Visitar los pueblos de León es gozar de sus paisajes, gastronomía, etc. Pero lo frecuente es no poder disfrutar de su patrimonio. Si intentas ver una iglesia o un palacio, te encuentras con la puerta. Esto se debe en parte al miedo a los robos, pero no es la causa principal. Casi siempre hay alguien en el pueblo que tiene la llave, pero pocas veces abren. Si acude un visitante ¿qué incentivo tiene esta persona para molestarse en mostrarlo?

Entre quienes te enseñan el edificio de más valor del pueblo, es general el comentario de que no quieren una compensación. Puede ser cierto o no, pero con seguridad: es absurdo. Mostrar una iglesia, patrimonio común, es una labor que requiere dedicación y por tanto una compensación. Es simple justicia. Y qué menos que contribuir también al mantenimiento del edificio, que tendrá gastos de luz, de agua, de calefacción, de retejado o de otras necesidades propias del normal mantenimiento.

En este punto hay que hablar de la oposición del colectivo de guías oficiales a que nada monumental se muestre sin su autorización. Si esta agrupación quiere marcar el paso de cómo se muestra el patrimonio, ha de garantizar que van a abrir cada uno de los mil y pico templos que hay en la provincia de León. No es de recibo pedir derechos sin deberes. Si no van a estar para abrir la última iglesia del último pueblo de León, no pueden constituirse en el perro del hortelano: que ni come ni deja comer. Los guías oficiales deben tener un territorio acotado para su actividad y también obligaciones en él, además de derechos justos y proporcionados. Sin deberes tampoco puede haber potestades.

En definitiva, si uno quiere visitar una iglesia con interés, como las de Mellanzos, Corullón o Destriana, y están fuera del alcance inmediato de un guía, tiene que poderse establecer contacto con la persona del pueblo que las abra. Y debe quedar claro que se debe remunerar, siquiera testimonialmente, a la persona que abre y a la propia comunidad para el fin específico del mantenimiento del bien afectado.

Ahora que está tan de moda hablar del despoblamiento de las zonas rurales entre los políticos, ha llegado el momento de convertir todo el patrimonio en un recurso económico. En el momento en que liguemos la economía local con sus recursos, las cosas empezarán a mejorar. Cuando se hace lo contrario, como la Junta de Castilla y León desligando la gestión de los montes de los pueblos propietarios, suceden cosas como los incendios forestales: por puro desinterés. Con las iglesias pasa lo mismo: se nos caen porque la fe ya no sostiene los tejados. Convirtámoslas en una fuente de riqueza para los pueblos.
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