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Pánico a una muerte ridícula

Pánico a una muerte ridícula

OPINIóN IR

28/10/2018 A A
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Pánico a una muerte ridícula
Después del descubrimiento del Santo Grial entre las reliquias de San Isidoro, el mayor espectáculo de ciencia ficción al que hemos asistido en esta tierra ha sido el estreno internacional de la selección de fútbol de Castilla y León. Nada crea comunidad como un par de centrales aguerridos como torres de castillos y un par de delanteros que, después de marcar gol, se besen tatuajes de orgullo comunero y posen ante las cámaras como leones rampantes. Quizá alguien podría pensar, cada cual en su paranoia, que ya tenemos demasiado fútbol y demasiadas selecciones, como dicen que tenemos demasiados aeropuertos y demasiados palacios de congresos, incluso puede que haya alguien que piense que lo que en realidad tenemos son demasiadas comunidades autónomas, pero no estamos en la época de la sensatez y andar alardeando de sentido común te convierte en un aguafiestas. Como todo el mundo sabe, la selección de fútbol de Castilla y León viste de arlequinado, algo tan tradicional por estos lares como esa bandera que lucen nuestras instituciones y tanto nos emociona ver agitada por el viento, y este mes viajó a Ucrania para enfrentarse a los potentes combinados de la Región Oeste de Finlandia, Ugur (Azerbaiyán) y la anfitriona Lviv. El resultado es lo de menos: se trataba de defender nuestra identidad, como bien demostraban los ultras de Castilla y León que había por la grada. Sí, sí, lo estoy escribiendo completamente en serio: había ultras de esta comunidad autónoma, individuos envueltos en la bandera de castillos y leones que animaban a los heroicos jugadores y que viajaron hasta Ucrania para que no se sintieran solos. Lo que ya no puedo garantizar es que el viaje fuese costeado de su bolsillo o si venía de esa máquina de generar espíritu de comunidad que es la federación autonómica de fútbol. Y sí, yo también estoy pensando, efectivamente, que es una auténtica pena que no tengamos un himno propio, una letra sentida y una música emotiva que nos permitieran compartir momentos mágicos con nuestras provincias vecinas. Seguro que sobran candidatos para componerlo. Sin ir más lejos, este fin de semana estaban por León Café Quijano, Taburete y tunas procedentes de toda España, lo que sumado a las fiestas de Halloween componen argumentos más que suficientes para el exilio urgente y definitivo, aunque sea a otra comunidad autónoma en la que los niños no aprendan en la escuela tanto como los de aquí... y si puede ser que no haga tanto frío. Ciertamente, no deja de resultar anecdótico lo de la selección de fútbol de Castilla y León, porque el sentimiento de comunidad está a buen recaudo con instituciones como el Procurador del Común (experto en conjugar todos los tiempos del verbo instar) o la afable sonrisa de Alfonso Fernández-Mañueco, que esta semana definió las conversaciones de la Operación Enredadera como «poco edificantes», calificativo propio de quien entiende la política como una recalificación constante. En resumen, si no crees en esta comunidad es porque no quieres, chaval, porque estás en contra de todo. Nuestro futuro lo avalan las previsiones del Instituto Nacional de Estadística, que por desgracia se cumplen como las de los meteorólogos que anunciaron para ayer por la mañana la llegada del invierno, y dicen que en los próximos 15 años en la provincia de León perderemos más de 50.000 habitantes. Nuestro presente lo marca la Encuesta de Población Activa, que señala que el 70% de los nuevos empleos generados en esta entrañable comunidad tuvieron como escenario la provincia de Valladolid. Y nuestro pasado está también a buen recaudo, concretamente en el intachable honor del hombre que se inventó esta autonomía, Rodolfo Martín Villa, que denunció al Ayuntamiento de Sabero por quitarle el título de Hijo Adoptivo y, cuando la justicia le dio la razón, renunció a tan honorable distinción. Viendo quién nos da las lecciones de dignidad, uno ya casi la da por muerta, pero, como Def con Dos, tiene pánico a que su muerte resulte tan ridícula.
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