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El palacio de las piedras volanderas

El palacio de las piedras volanderas

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El espejo refleja la entrada a lo que fue el antiguo palacio de los marqueses de Prado. | MAURICIO PEÑA Ampliar imagen El espejo refleja la entrada a lo que fue el antiguo palacio de los marqueses de Prado. | MAURICIO PEÑA
Fulgencio Fernández | 21/06/2020 A A
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El palacio de las piedras volanderas
LNC Domingo Fue el espectacular palacio de los Prado en Renedo de Valdetuéjar, pero sus piedras viajaron, por diversas vicisitudes, por media provincia e incluso a Palencia. Ahora una importante obra ha consolidado y reconstruido las murallas como testigos de lo que fue y voló muy lejos
Sabino el taxista y José Belarmino, el filatélico leonés natural de Renedo de Valdetuéjar, charlan ante el cartel que informa de la reciente obra sobre la consolidación y reconstrucción de las murallas de lo que fue el impresionante Palacio de los marqueses de Prado en la localidad. «Al menos que den testimonio de lo que fue el lugar, ya que la mayor parte desapareció».

Más que desapareció, voló, pues como explica Ramón Gutiérrez —autor del libro ‘Los marqueses de Prado’— «todo el alto Cea... y más está sembrado de piedras, escudos, fachadas y recuerdos de este viejo palacio y sus posesiones».

La parte más importante, la impresionante fachada, es la más conocida pues ahora luce en la fachada del hospital de Nuestra Señora de Regla después de un singular periplo, que recuerda el propio Álvarez. «El 1905 el XI Marqués de Prado, Bruno Ernesto de Heredia y Acuña, vendió todos sus bienes al industrial leonés Agustín Alfageme», iniciándose ahí un nuevo periplo. «El hecho de haber sido declarado Bien de Interés Cultural en 1949 no evitó que en 1954 fuera desmontado», y recuerda que no era su destino el lugar que ahora ocupa. «El poderoso obispo Almarcha intentó utilizar la fachada del quizá más ostentoso palacio barroco de la provincia en el Santuario de la Virgen del Camino que iba a financiar el mecenas leonés Pablo Díez». Pero surgió un imprevisto, que «Fray Coelho de Portugal, arquitecto del nuevo santuario, no quiso aquella fachada barroca para un edificio que él proyectó de estilo vanguardista».

El siguiente destino fallido vino de manos del nuevo comprador, la Diputación de León, para la construcción del nuevo Conservatorio de música. «Pero había dos proyectos y nuevamente se eligió el más moderno y nuevamente los sillares quedaron en expectativa de destino». Pero el obispo Almarcha no había olvidado su idea de utilizar aquellas piedras y el proyecto de la nueva Obra Hospitalaria de Nuestra Señora de Regla y... allí encontraron asiento las históricas piedras, teniendo que convencer al arquitecto Juan Torbado de que recubriera la idea inicial de su fachada, sencilla, con esta. Y los deseos del obispo no sufrieron en nuevo contratiempo en este nuevo intento.

Sin embargo, la nueva fachada no era una exacta reproducción de la de Renedo. «Se cambiaron las armas de los Prado por las del obispo Almarcha, se violentaron valore originales y tipologías...» por lo que el catedrático de la ULE Emilio Morais es muy crítico con ella en el artículo ‘Traslados de edificios históricos. El caso de León durante la etapa franquista’, en el que analiza éste y otros tres casos similares: «El resultado final es un monumento inventado, con apariencia de auténtico pues nada indica que es una fantasía. (...) Turistas, viajeros y visitantes que paseen por León (incluso muchos leoneses, diría yo) y se encuentren cara cara con la Obra Hospitalaria de Nuestra Señora de La Regla podrían pensar algo así como “¡Qué hermoso y antiguo edificio!”. Ninguna placa ni panel informativo les advertirá de que se hallan ante una falsificación artística, un “fake” que dirían los modernos».

Sobraron además muchas ‘piezas’ que acabaron por diversos edificios y parece que algunas sí acabaron en el santuario de La Virgen del Camino.

Controvertido destino para el palacio de una familia también controvertida pues la historia de los Marqueses de Prado está llena de sombras, pleitos, litigios de todo tipo y un afán recaudatorio que ha quedado reflejado en el nombre popular que se le da a la comarca: «El Valle del Hambre», no porque fuera más pobre... Así lo cuenta el profesor e investigador Alfonso Prieto. «Valle del hambre, todos le decían, pues tan solo comían, los marqueses». No menos duro es Gómez Moreno, quien recuerda su condición de señores de horca y cuchillo y escribe: «La fatuidad señorial de dicha familia llegó a erigir el palacio más ostentoso que del siglo XVIII hay en la provincia, digno de una grandeza más sólida».

Cierto que también tiene defensores su memoria, así Juan Manuel de Prado califica de «leyenda negra» lasa acusaciones de violencia y egoísmo; y se recuerdan las obras pías de la familia, aunque se les acusa de hacerlas a las puertas de la muerte, «como si quisieran ganarse el cielo».

Una larga historia de la que quedan unas murallas y muchos recuerdos.
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