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Palacio de Canedo: Un château en el corazón del Bierzo

Palacio de Canedo: Un château en el corazón del Bierzo

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L.N.C. | 20/09/2019 A A
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Palacio de Canedo: Un château en el corazón del Bierzo
Especial de enoturismo Es un auténtico castillo berciano entre viñedos, con sendas bien señalizadas entre la naturaleza… pero si te pierdes, si te pierdes es mejor
Cuando el enoturismo era un neologismo que empezaba a utilizarse como la piedra filosofal del «desarrollo endógeno» y del «inmenso potencial del agroturismo» del Bierzo, el pionero de tantas cosas, José Luis Prada, ya lo había puesto en práctica día tras día llevando a decenas de visitantes entre sus viñedos de Canedo.

Sin teorías, sin «subterfugios», con las cartas boca arriba siempre, nunca dudó en enseñar lo que tenía porque siempre ha creído en que la calidad de todo lo que ofrece está muy por encima de la media. Se comparte lo que se ama. Lo mismo una botella de Xamprada, las burbujas prodigiosas que salen del Palacio desde hace más de un cuarto de siglo, que un paisaje de viñedos en sazón que te puede «llevar hasta el paroxismo», que diría Prada si te dejas llevar por él y asciendes a la cumbre del Picantal, la viña que toca el techo de sus plantaciones tanto en altitud como en calidad. Desde que en 1987 el Palacio de Canedo empezó su proceso de vuelta a la vida, Prada lo convirtió en el monumento más visitado del Bierzo después de Las Médulas. Ahí es nada. Fue una restauración de puertas abiertas, sin trampas ni cartón. La paciencia como vela, y la honradez como divisa, fueron poniendo a Canedo en el mapa y de estar en decadencia como tantos pueblos, hoy es un lugar en el que el viñedo se cotiza por todo lo alto como sinónimo de calidad.

Cualquiera podía ir viendo el lento despertar de las pizarras y maderas centenarias, al tiempo que adquiría, casi por ósmosis, la pasión por las viñas y el vino del propio bodeguero.

Enoturismo es enseñar lo que tienes y disfrutar haciéndolo, pero con la ventaja de que en el Palacio de Canedo te enseñan el viñedo. Pendientes imposibles que complican la viticultura, y más la ecológica, ofrecen un paisaje fantástico. Llegar allí es premiarte con unas de las mejores vistas del Bierzo, siempre al sur, buscando el calor del mediodía para que las uvas de Mencía y Godello lleguen en su esplendor a la bodega. Ahora los grandes bodegueros presumen de viticultores. Prada no presumía, lo era desde niño. Por eso el auténtico Palacio está ahí afuera. Solo recorriendo las sendas que salen del Palacio muy bien señalizadas se tiene la conciencia perfecta de qué se está bebiendo cuando la visita se cierra en la sala de catas del Palacio.

Entre el amor y el vino nuevo

Pero desde el principio el magín de Prada no paraba de crear, y además de las tradicionales visitas a pie o en el mítico ya «Carroviñas» (un vehículo eléctrico adaptado para subir por las viñas sin importunar a las cepas ni a la fauna que convive con cepas y bosque), en el Palacio se comenzó a ofrecer otro tipo de visita con el denominador común de lo experiencial. Así surgió la Fiesta del Vino Nuevo, siempre el segundo sábado de noviembre, en el que se abre la espita al vino de la nueva cosecha. Junto con castañas asadas, chorizo cocido al vino y otros dulces para acompañar, el Maceración Carbónica del Palacio de Canedo se estrena como el primero de la temporada en una fiesta que reúne a más de un millar de personas cada año con música en directo y baile hasta que el cuerpo aguante.

El Maceración es un vino joven que se elabora siguiendo el sistema más antiguo del mundo, con los racimos enteros macerando dentro de la cuba antes de pasar al estrujado definitivo. Esa maceración de pocos días multiplica la explosión de aroma y sabor de la Mencía, convirtiéndose en el vino joven de referencia de la comarca. Un vino intenso que es diferente cada año porque no tiene trampa ni cartón: en apenas cuarenta o cincuenta días pasa de la cepa a la copa ofreciendo toda la impronta de la meteorología del año.

La fiesta del Vino Nuevo o del Maceración es un reclamo para los amantes del vino porque ahí pueden anticipar por dónde irá la cosecha recién estrenada. Junto al Maceración, el Palacio ofrece otro tipo de visitas adaptadas para diferentes públicos: para grupos de incentivo de empresa, para foodies aficionados a la cultura del vino, hasta visitas adaptadas para invidentes.

En Navidad es tiempo de Xamprada. Miles de familias acuden para ver el alumbrado del Palacio que se enciende poco antes del puente de la Constitución brindando con la nueva añada del espumoso de la casa. Pero de todas las visitas, sin duda una de las más curiosas es Amor en Palacio, una visita a la bodega en la noche de San Valentín y su víspera en la que los alojados en el Palacio realizan un recorrido catando diferentes vinos, algunos en exclusiva que no están a la venta, basándose en la cultura del vino y su relación con el amor.

Un recorrido por la historia, la filosofía, la literatura, la poesía y la enología para reivindicar que las grandes cosas, y el vino es una de ellas, solo se hacen por amor. Cuándo visitar los viñedos de Canedo. Todas las estaciones tienen su gracia. Os recomendamos que lleguéis sin prejuicios y os dejéis impregnar de los aromas y texturas de la tierra. Igual da con las heladas y las nieves del invierno, o con el regreso de la vida en los brotes primaverales, o si lo haces en el esplendor del verano con las cepas llenas de apretados racimos de godello y mencía, o el otoño homérico del Bierzo en el que los rojos, ocres, naranjas y amarillos van cambiando a cada minuto el paisaje que te rodea…

Te descuidas y zas, ya ha cambiado el paisaje. Haz fotos, sí, pero no te emborraches guardando recuerdos visuales sin antes abrir tu mente a los recuerdos sensoriales. Así es como se aprende del ritmo de la naturaleza. Y si te pierdes… ¡mucho mejor!
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