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Palabras para aplacar el miedo

Palabras para aplacar el miedo

OPINIóN IR

19/08/2017 A A
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Palabras para aplacar el miedo
Escuchaba en la radio a Pepa Bueno dar palabras de aliento y acompañar a los que aún seguimos perplejos. Desde los mismos micrófonos, testigos, políticos y colegas de profesión ofrecieron un discurso común: apoyo a las víctimas y ánimo a Barcelona para seguir adelante. La vocación de sus voces era informar, pero también estar ahí, donde tenían que estar, del lado de la gente.

Contaba una corresponsal de la misma cadena en el extranjero cómo al acabar de llegar a su ciudad para pasar unos días de asueto oyó las explosiones, los gritos y vio a la gente correr. A pesar de que era su descanso, explicaba que sin comprender qué estaba ocurriendo sacó su teléfono móvil para grabar unos cortes de voz y enviarlos a sus compañeros, hasta que un policía la cogió del brazo y la acompañó a un lugar seguro. Tras este testimonio, llegó el de una vecina del Rabal que aseguraba cómo desde su ventana pudo ver la sangría y contar a las víctimas que se llevaba la ambulancia o algo peor. «Ha sido horrible», repetía conmocionada para liberarse un poco del horror que había tenido ante sus ojos.

En la emisión se repetían las voces de los que gritaban que no al terror, que no al miedo, que no al odio. Algún periodista recordó a las 3.936 personas que han asesinado este año en atentados terroristas e insistió en que los países más afectados han sido Afganistán, Siria, Irak o Somalia. «Hay 1.500 millones de musulmanes que no son terroristas», recordó. En mitad del debate, Bueno ofrecía el dato de otro fallecido, la información de una cuarta detención, apuntes acerca de las víctimas y de las muy diversas nacionalidades de todas ellas.

Las palabras se extinguieron durante el minuto de silencio de las 12 de la mañana en la Plaza de Catalunya. Pese a no ver, la emoción era máxima. En mi caso, dejé lo que estaba haciendo para unirme al duelo. Los pelos de punta con el aplauso que se sabía de miles de personas y que rompió en llanto con el grito unánime de ‘No tinc por!’. Cuando volvieron las palabras, un reportero declaró con la voz quebrada: «cuánto dolor, podíamos haber sido cualquiera…».

Ni una imagen y la misma repulsa. Solo son palabras. Pero hay que decirlas.
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