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Pago a funcionarios

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02/11/2018 A A
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Pago a funcionarios
El pago a funcionarios es una práctica de corruptelas mafiosas propia de países en los que no funcionan las más mínimas estructuras que caracterizan a las democracias avanzadas. Si hay que combatir con toda la fuerza del estado de derecho las prácticas corruptas en la vida pública, con más motivo hay que garantizar la independencia y profesionalidad del sistema funcionarial del país. A nadie se obliga a ser funcionario. Mientras que hay una sensación casi generalizada de que los políticos meten la mano en la caja a la más mínima ocasión que se le presenta, la sensación que tenemos los ciudadanos sobre los funcionarios públicos es que, al margen del compromiso de trabajo que cada uno asume, son trabajadores honrados. Nadie piensa que el funcionario que nos atiende detrás de una mesa o de un mostrador nos vaya a insinuar una propina para agilizarnos los papeles, ni nadie piensa que nos derive a su despacho privado dos o tres calles más allá de su puesto en la administración. Esta garantía de funcionamiento de los servicios públicos sitúa a España entre los países más avanzados y desarrollados del mundo, y proyecta una imagen de país serio que es bien valorada por el mundo de la empresa y por los millones de ciudadanos de otros países que cada año nos visitan. Otra cosa distinta es si ese funcionariado está bien o mal pagado, si la plantilla está o no sobredimensionada, y si el trabajo que se desarrolla es homologable a los estándares de la empresa privada. Pues bien, en un país en el que uno pensaba que los funcionarios no se compraban, te encuentras con que un alto cargo de un partido político cita en su despacho a un comisario de policía y le contrata un trabajo extra al margen de su nómina de funcionario. No entro en el trabajo sucio e ilegal, que seguramente lo era, porque lo que realmente me escandaliza es que un funcionario se saque un sobresueldo aceptando contratos o propinas, y me escandaliza que su cliente sea un relevante político que ha aspirado, nada más y nada menos, que a dirigir el primer partido de la oposición de nuestro país.
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