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El 'padre de la vacuna' pudo ser un leonés, pero Hungría se lo impidió

El 'padre de la vacuna' pudo ser un leonés, pero Hungría se lo impidió

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La ‘madre de la vacuna’, Katalin Karikó, quiso trabajar con Carrasco. Ampliar imagen La ‘madre de la vacuna’, Katalin Karikó, quiso trabajar con Carrasco.
Fulgencio Fernández | 18/01/2021 A A
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El 'padre de la vacuna' pudo ser un leonés, pero Hungría se lo impidió
Culturas La húngara Katalin Karikó es la investigadora más buscada y entrevistada en la actualidad al ser considerada ‘la madre de la vacuna’ contra el Covid, después de que sus estudios fueran poco valorados. Karikó repite en las entrevistas que quiso salir de su país para trabajar "con el leonés Luis Carrasco, pero la Hungría comunista ponía las cosas muy difíciles para irse"
Uno de los nombres más repetidos en medio de la pandemia es de la investigadora húngara Katalin Karikó, a la que han bautizado como ‘la madre de la vacuna’.
En los años 90 Karikó, que vivía en Estados Unidos, apostó por una línea de investigación en la que casi nadie creyó: «hacer tratamientos y vacunas basadas en la molécula del ARN». El tiempo le ha dado la razón pues es el método que han utilizado las vacunas de Moderna y BioNtech contra el coronavirus, pero ella recuerda cómo «recibía una carta de rechazo tras otra de instituciones y compañías farmacéuticas cuando les pedía dinero para desarrollar esta idea» y hasta muestra en las entrevistas alguna de estas cartas, para recordar cómo en la actualidad Moderna y BioNTech «están recibiendo cientos de millones de euros de fondos públicos para desarrollar en tiempo récord esas vacunas de ARN mensajero», el método que Karikó quiso desarrollar hace treinta años, con respuestas muy decepcionantes de la industria.

Y en casi todas las entrevistas la científica húngara repite que pudo acabar trabajando con un investigador leonés, que había creído en su idea y se había interesado por ella. Así, por ejemplo, en una entrevista en El País con Nuño Domínguez el 27 de diciembre podemos leer: «Yo era una niña feliz en Hungría. Mi padre era carnicero y me gustaba mirarle trabajar, observar las vísceras, los corazones de los animales, quizás de ahí me vino la vena científica», cuenta Karikó a este diario desde su casa en las afueras de Filadelfia, en EE UU. Después de estudiar Biología en Hungría, Karikó fue a EE UU para hacer el doctorado en 1985 y jamás regresó. «(Antes de ir a Estados Unidos) Estuve a punto de ir a España con el grupo del leonés Luis Carrasco, que estaba interesado en mi trabajo, también a Francia, pero la Hungría comunista ponía las cosas muy difíciles para salir».

Ahí se frustró la posibilidad de que un leonés, el virólogo Luis Carrasco, se convirtiera en el ‘padre de la vacuna’ pues, según explica Karikó, había creído en su  idea, algo que no ocurrió en otros muchos lugares, según ha explicado con anterioridad.

Después de todos aquellos rechazos en los años 90 la investigadora húngara recuerda como una casualidad cambió su vida: «Ya era  investigadora de la Universidad de Pensilvania, coincidí en la fotocopiadora con Drew Weissman, una eminencia en VIH y buscaba  la vacuna contra el virus del sida; hablamos y me propuso ir a su laboratorio para que lo intentase con ARN mensajero».

Empezó una nueva vida para ella, aunque no exenta de nuevos contratiempos. Es una gran defensora de las vacunas y afirma que «No me causa ningún miedo. Si no fuera ilegal ya me habría inyectado en el laboratorio, pero me gusta seguir las normas».

Pero, ¿quién es el virólogo Luis Carrasco (León, 1949), el investigador a cuyo equipo quiso incorporarse Katalin Karikó? Se trata de un científico que ha dedicado toda su vida a la investigación y la docencia a la vez que protagonista de una investigación pionera y personal. Carrasco se quedó ciego en 1996 y desde ese momento encaminó sus investigaciones a descubrir la causa de su enfermedad y tres años más tarde descubrió que «la razón de su ceguera en la infección por un hongo, la Candida famata»; aunque no publicó el  trabajo hasta seis años después, para estar seguro de sus conclusiones. Se convirtió así en el primer científico que descubrió la causa de su enfermedad.

La ceguera no  supuso el fin de sus investigaciones, ni mucho menos, siguió trabajando en el Centro de Biología Molecular del CSIC, trabaja en enfermedades desconocidas y sueña con recuperar lo que ha perdido con la ceguera: «Primero ver las caras de la gente, después ver los paisajes y, en tercer lugar, ir al cine».

Luis Carrasco fue Premio Castilla y León de Investigación Científica y Técnica en el año 2001 en «reconocimiento al número y alta calidad de las aportaciones científicas internacionalmente reconocidas en el campo de la Virología, especialmente en lo que  respecta a productos antivirales».

Con su jubilación llegó la publicación de su autobiografía, a la que pertenece este perfil: «Luis Carrasco está presente desde décadas atrás en las páginas de las revistas científicas más prestigiosas del mundo. Bacterias, virus y hongos han sido el objeto de sus intereses e investigaciones, conclusiones publicadas a lo largo de más de 50 años de vida profesional, la mitad de ellos, ciego. Pero nunca se han publicado las emociones de Luis Carrasco». Y añade: «En estos primeros meses de su jubilación, incapaz de dar un descanso a su mente, ha ordenado sus impresiones y recuerdos, reconstruyendo su autobiografía, una prodigiosa trayectoria vital que discurre sin separar al hombre del investigador ni del docente (fue catedrático de Microbiología). La condición humana marca su trayectoria científica: intuitivo, tenaz, perseguidor de explicaciones a cuestiones que se le han ido planteando (...) A lo largo de la confesión del hombre y del investigador-docente, puede intuirse que iluminar es su gran vocación y la más noble de sus obsesiones y consecuciones: iluminar lanzando focos de luz sobre lo que los demás no vemos o no queremos ver».

Todo un personaje, seguramente demasiado olvidado en su tierra, pero eso no es mucha novedad.
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