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Outeiro

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OPINIóN IR

23/02/2021 A A
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Outeiro
Encaramado en el outeiro de la catedral de babia, observo su belleza que se entorna majestuosa y orgullosa vigilante del valle del pueblo. Mientras, la pinietsa, donde subíamos a jugar creyéndonos exploradores se aleja por un momento. El aire llena los pulmones despejando todo tipo de dudas, en un abrir y cerrar de ojos los recuerdos se amontonan de cuando uno era nenu y veraneaba en casa de los güelos. Vuelvo a aquel verano que agarrado a una vara de avellano como buen zagal, arreábamos a las vacas hacia los pastos comunales, el camino empinado se hacía largo y el calor resbalaba por la tez morena, solo el frescor del agua del río servía de abrevadero para el ganado. Nosotros teníamos que esperar a cruzar la portietsa para dar un trago que nos quitase la sed y nos refrescase como un brebaje bendecido por las xanas. Al fondo a la derecha se ve bisurde y a lo alto el rozu, donde dejábamos la vacada junto a otras, quedaban pastando hasta el amanecer que acudían apresuradas a la llamada del ternero para amamantarles de esa leche rica llena de propiedades por la hierba de la montaña leonesa y despreciada por la falta de voluntad política.

Hoy, los pastos de la montaña se pierden al igual que las ayudas de la PAC, las medidas cada vez más estrictas e injustas de la política agraria, penalizan la gran superficie de hectáreas que se encuentran en espacios rocosos o masas arbóreas. Los ganaderos saben que sus pastos carecen de ayudas y sufren el constante abandono, al igual que las fincas de los particulares se pierden a favor del monte y en ellas crece el matorral. Los buenos pastos de la montaña leonesa, no sirven a esos señores bien peinados de despacho alejados y centralizados que por no palpar el terreno, dejan de beneficiar los pastos comunes. A la consejería de agricultura de la Junta, le preocupa que se cumpla que no halla duplicidades en los terrenos, pero poco o nada hacen para que nuestros ganaderos tengan el derecho al pasto o al arrendamiento, prefieren que estén en manos de otras comunidades autónomas, que beneficiar a los nuestros.

Muchas hectáreas no pueden acceder a las ayudas de la PAC, la montaña pierde oportunidades y juega con desventaja con los campos de Castilla, que son los que se llevan la mayoría de las subvenciones.
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