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Oteiza abre el claustro

CULTURASIR

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Fulgencio Fernández | 01/10/2018 A A
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Oteiza abre el claustro
Arte El claustro abierto es una iniciativa que pone en marcha el convento de San Francisco al convertir su claustro en un espacio cultural abierto y cuyo primer visitante es todo un personaje: Antonio Oteiza
Un personaje realmente singular, su obra, llega a León este fin de semana para ser el primer inquilino de un nuevo espacio cultural en la ciudad, el que van a poner a disposición de los leoneses los franciscanos, como ellos mismos explican. «El convento de San Francisco quiere ofrecer —dentro de sus posibilidades— una oportunidad de expresión y diálogo que pueda hablar de otras formas desde las que promover un intercambio cultural y religioso. Para eso pone en marcha un espacio Claustro Abierto, que pretende integrar la galería del convento como lugar expositivo, abriendo las puertas del mismo desde una sensibilidad franciscana. Ya desde hace unos meses, en dicho lugar, se viene atendiendo diariamente a los peregrinos que pernoctan en el Albergue San Francisco, intentando un diálogo y escucha de los mismos, en esta ciudad que es cruce de caminos».

Y el primer habitante de este Claustro abierto, el primero que va a exponer en el Claustro, será Antonio Oteiza (San Sebastián 1926) franciscano-capuchino, que ha dedicado gran parte de su vida a la plástica. Su obra de escultura, pintura y cerámica se encuentra repartida, por todo el mundo, especialmente por España y América, donde ha vivido.

Hermano pequeño de Jorge Oteiza, misionero, aventurero, ha utilizado el arte, en buena parte de temática religiosa, como arma evangelizadora. Es curioso cómo explica su decisión de seguir el camino de su hermano Jorge: «Mi afición por el arte nació de una necesidad; andaba a mis 30 años por el oriente venezolano, y era el año del tercer centenario de la llegada de los capuchinos a esas regiones donde habían fundado multitud de pueblos. Quise hacerles algún recordatorio, pensé en un monumento y busqué un escultor, pero no lo encontré. Así que busqué barro y todos lo necesario y lo hice yo mismo»; aunque también reconoce la influencia que en esta dedicación pudo tener la presencia de la figura de su hermano: «Cuando en tu familia surge una personalidad artística, piensas que lo que merece la pena, ese pensamiento te puede inducir a actuar. Ese ha sido mi caso… Podemos estar influidos por motivaciones similares. Jorge ha razonado todo su arte, esto es muy importante. Yo, por mi parte, intento ser espontáneo y estar cerca de la frescura del arte popular».

Pero lo que más ha marcado la vida de este fraile artista de más de 90 años han sido sus propias vivencias, sus viajes, las aventuras que le he tocado vivir: «Una de las conciencias que da el viaje, aquel que pasa la vida de peregrino por el mundo, es que en cada lugar se va dejando parte de su vida, lo que le concede ya un derecho de pertenencia a ese lugar, se siente que se va dejando el futuro cadáver en cada lugar».

Después de haber estudiado en los Capuchinos de Bilbao, Filosofía, Teología... Oteiza fue destinado como misionero en Báyamo (Cuba), posteriormente pasa 5 años en Venezuela y recorre el Orinoco; allí conoce la cultura de los indios Guayo y los indios Motilones, en la Sierra de Parijá, entre Colombia y Venezuela.

El Claustro Abierto quiere integrar la galería de los Franciscanos como espacio expositivoRegresó a Madrid en 1961 y propuso a su congregación dedicarse al arte religioso, para lo que comenzó a estudiar. Fue alumno de Víctor de los Ríos y Amadeo Roca, montó un taller en el convento de Cuatro Caminos, trabaja la madera y la piedra y amplia estudios en La Escuela Internacional de Perusa. Sólo una vez trabajó con su hermano Jorge, cuando éste fue elegido para encabezar la obra de la basílica de Aránzazu junto al arquitecto Saénz de Oiza, los escultores Lucio Muñoz y Eduardo Chillida, los pintores Carlos Pascual de Lara y Néstor Basterrrechea y fray Javier M. de Eulate, autor de las vidrieras.

En 1970 deja España y parte rumbo a Recife (Brasil). Durante tres meses remonta el curso del Amazonas en barca, desde Belén a la cordillera de los Andes, donde escribe ‘Aventurero sin equipaje por el Amazonas’. En enero de 1971 es párroco de Angasmarca, en los Andes peruanos, experiencia que le marca y que refleja en su libro ‘Cartas parroquiales de Angasmarca’. Vuelve a España atravesando el Pacífico, con lo que completa la vuelta al mundo.

De todas estas experiencias explica el misionero que «más de una vez me dijeron que era como uno de ellos, y ciertamente creo que soy más cercano a la naturalidad de ellos, que a occidente ¿Su influencia?, el saber amar, más el desprendimiento, lo transitorio de cada día, un aprecio por el viaje y la aventura». Experiencias que también lleva a la escultura y explica: «El arte crece más desde la sangre que desde la razón».

Francisco Oteiza, un personaje cuya obra el sábado llega León con la muestra ‘Bestiario de Francisco de Asís’, en la que el concepto medieval con el que él se refiere a esta colección, que quizás suena muy distante de nuestro lenguaje, habla de «ponernos en relación con los animales a los que Francisco llamaba hermanos y hermanas».
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