Llamada en espera

09/06/2026
 Actualizado a 09/06/2026
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Líbranos del mal, rezaba mi abuela arrodillada frente a su Virgen del Carmen, en una petición que pronunciaba por hábito, tanto que no perseguía el significado de toda la oratoria. Solo marcaba la cadencia, incluso en medio de una armonía de andar por casa que servía bien para hacer comunidad frente al Altísimo. Doy fe, la reparto porque tengo poca, que en esa libranza no estaba El Bierzo. El hombre, con sus achaques de comarca longeva, no levanta cabeza después de que lo hayan dejado separado de los suyos, los mineros. Y cuando le azota el fuego, empieza a contaminarse de ceniza hasta el alveolo más profundo. Qué tos. Pero no se deja llevar al médico, por mucho de que su prima Pucelina le aliente a ir. Y es que sabe que no hay radiólogos, cardiólogos, oncólogos, traumatólogos y una retahíla de extensiones bárbara de especialistas acabados en logos que no pueden resolver ese impertinente carraspeo perenne. Pobre, con tantas ansias de crecer él al calor de ese terruño que le dejaron sus abuelos y ahora, se queda enchepado y deprimido, mirando a un suelo que son sus pies torcidos, doloridos los juanetes y pensando ¿Por qué solo tengo un callado para sostenerme? Pide un brazo, pero «todos los brazos a los que llama tienen las líneas ocupadas en este momento. Inténtelo de nuevo más tarde». Y El Bierzo no se apaga con un pipipi. Espera. Lo intenta más tarde y patapá. Antes de llamar ya se ha encontrado con el no por causalidad. Llevaba unos papeles en la mano, porque sigue enroscado a su máquina de escribir en berciano, en los que justificaba que era apto para acoger una nueva facultad. Vamos, que está más que facultado para dar la mano a la titulacoión de Medicina. Y así, tal vez podría acabar con esa constante pechuguera. Nada, «todos los brazos están ocupados en este momento. Deje su mensaje y le llamaremos más tarde». Bueno, pues arre, se dice el comarcal anciano. A pedirle a la maquinita, después del pitido: PIIIII. Hola, soy El Bierzo y quería hablar con alguien que crea en mí como la mejor opción para acoger un nuevo grado de Medi PIIII.

Se ha pasado de tiempo el pobre. Habla despacio, pero claro. Y el catarro retrasa a veces las sílabas. La respuesta le llega timbrada. Ya es papel oficial, no el no a su propuesta, sino el sí a otra. León se come al grande y se queda con Medicina. Patatas para los pobres (era otro rezo de la matriarca). Pues patatas bercianas, a ver si por lo menos otra DO nos cae, porque de lo del dinero fácil eso no pasa el Manzanal ni deshaciendo el nudo ni atravesando la soga. El Bierzo se mira los pies de nuevo. Joder ¿de verdad que me sujetan? Se pregunta casi clavando la cacha en el corazón del subsuelo. Se responde optimista «esto no ha acabado, mañana vuelvo a llamar». Y hace del «“vuelva usted mañana» una doctrina dulce fuera de la rabia. Tal vez porque sabe que nadie puede rebajar lo que quiere llegar a ser. El cielo se queda corto para los sueños del Bierzo y tal vez haya que tener cuidado con lo que se sueña, no se vaya a cumplir…

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