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Once títulos finalistas en el XIX Premio de la Crítica

Once títulos finalistas en el XIX Premio de la Crítica

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Gonzalo Santonja, Jesús Bárez y César Millán en la presentación de los finalistas. | ICAL Ampliar imagen Gonzalo Santonja, Jesús Bárez y César Millán en la presentación de los finalistas. | ICAL
L.N.C. / ICAL | 12/02/2021 A A
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Once títulos finalistas en el XIX Premio de la Crítica
Literatura El jurado, integrado por periodistas, críticos literarios y profesores universitarios, emite su fallo el próximo 24 de febrero. Los libros seleccionados han sido publicados durante el pasado año
Antonio Gamoneda, Rubén Abella y Antonio Colinas son algunos de los autores finalistas de los XIX Premio de la Crítica de Castilla y León. La Fundación Instituto Castellano y Leonés de la Lengua (ILCYL) y el Ayuntamiento de Soria presentaron este jueves en el Centro Cultural Gaya Nuño de Soria, los once títulos finalistas del ‘XIX Premio de la Crítica de Castilla y León’, galardón literario convocado desde el año 2003 por el ILCYL, que reconoce la mejor obra publicada en el año anterior por un autor de Castilla y León.

Las obras seleccionados son de Antonio Colinas, que participa con la obra ‘En los prados sembrados de ojos’; Luis Ángel Lobato, que lo hace con ‘Ritual de náufragos’; David Refoyo, ‘El fondo del cubo’; Noemí Sabugal ‘Hijos del carbón’; Enrique Llamas que participa con ‘Todos estábamos vivos’; Pilar Fraile, ‘Días de Euforia’; Alberto Olmos, ‘Irene y el aire’; Rubén Abella con ‘Ictus’; José Gutiérrez Román, ‘Material de contrabando’, Moisés Pascual Pozas, ‘Carrusel de sombras’ y Antonio Gamoneda con ‘La pobreza’.

El director del Instituto Castellano y Leonés de la Lengua, Gonzalo Santonja, el concejal de Cultura del Ayuntamiento de Soria, Jesús Bárez y César Millán, miembro del jurado del ‘Premio de la Crítica de Castilla y León’ fueron los encargados de anunciar los once títulos finalistas seleccionados por un jurado compuesto por periodistas, críticos literarios y profesores de universidad de la Comunidad. El fallo se dará a conocer el próximo 24 de febrero.

Este año hay una importante representación leonesa con dos autores ya consagrados, como es el caso de Antonio Gamoneda y Antonio Colinas, y una autora emergente, Noemí Sabugal,  que con ‘Hijos del carbón’ (Alfaguara) acaba de obtener su mayor éxito personal y profesional, una obra que pertenece a un género fronterizo que se mueve en un difícil pero logrado equilibrio entre la crónica literaria con registros emocionales y el documental y responde a un planteamiento apasionadamente subjetivo, lo cual, como decía Unamuno, no quita conocimiento, sino que desde la verdad lo acentúa. Hija y nieta de mineros, Sabugal construye un texto con fuerte carga de oralidad que desde la experiencia personal se abre al reportaje periodístico, poniendo de manifiesto la situación de abandono y desgarramiento que el cierre de las minas de carbón ha impuesto en las cuencas y sus habitantes, sumidas aquellas en la desolación y despojados estos de todas sus referencias vitales. Sabugal traza un retrato imborrable.

El poeta bañezano Antonio Colinas acude este año al Premio de la Crítica con ‘En los prados sembrados de ojos’ (Siruela), intenso e iluminador poemario en el que se afirma el Colinas más hondo que, desde una serenidad asentada en la búsqueda de la belleza y en la celebración de la armonía acoge y alienta una reflexión serena y delicada sobre la condición humana a través de su propia biografía y su relación con lo sagrado a partir del encuentro con el misterio que late en las cosas humildes, en la llama de los recuerdos y en esas palabras que aún nos salvan: esas palabras semilla que el poeta, al rescatarlas, siembra en el corazón de la oscuridad para que crezcan los murmullos de la esperanza. Todo y nada: «La nieve en tus ojos», susurra el poeta, mientras «ascendía el humo lentamente/ desde la chimenea», un humo «que era el alma del fuego interior».

Antonio Gamoneda concurre con ‘La pobreza’ (Galaxia Gutenberg), segundo volumen de las memorias del autor, que da continuación a la indagación en la infancia desarrollada en ‘Un armario lleno de sombra’. En una primera parte extensa, Gamoneda reflexiona sobre la escritura y las dificultades del proceso creativo de la historia de una vida y después aborda su aprendizaje vital y literario cumplidos los catorce años, cuando accede al mundo laboral de la posguerra en un ambiente de provincias. Su visión del franquismo, de la posguerra, de la transición y la democracia, así como del mundo del arte y de la poesía a nadie dejaran indiferente. Incitantes y sugestivas, estas memorias conjugan múltiples fórmulas de textualidad, como el diario, el dietario o las anotaciones ensayísticas, pasando desde el relato directo de lo terrible de una época hasta lo onírico, lo simbólico o lo esperpéntico. Magistral.
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