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"¡Joder, qué pena! Murió Tasio"

"¡Joder, qué pena! Murió Tasio"

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Fulgencio Fernández | 22/01/2021 A A
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"¡Joder, qué pena! Murió Tasio"
Obituario Fallece a los 54 años Anastasio Prieto Prieto, 'El Gato' de Taranilla, seguramente el luchador más carismático de su época
En la noche del jueves los whatsap echaban humo y todos con el mismo texto: “Murió Tasio, El Gato de Taranilla”. Curiosamente la respuesta parecía una de esas hechas en serie pero no lo era, lo que ocurría es que todos los que recibían la noticia escribían lo mismo: “¡Joder, qué pena!”. Y poco más se podía añadir pues pocas muertes como la de Tasines encogen el alma de tanta gente: la de los aficionados a la lucha que le deben algunos de los momentos más bellos y plásticos de este deporte; la de los rivales, con los que jamás tuvo un detalle antideportivo; la de los compañeros, a los que regaló consejos impagables incluso de “cómo tirar a Tasio el de Taranilla”; a las gentes de bien de nuestros pueblos, pues Tasio también lo era… la de todos, incluso la de los cronistas deportivos a los que nos regalaba las crónicas hechas pues una anécdota suya tenía más jugo que dos páginas de periódico. Sirva como ejemplo. La última ‘Cataplasma’ que ha aparecido en esta edición digital de La Nueva Crónica llevaba por título “El que carretea vuelca”; es una frase de Tasio, aunque él decía “el que carretea entorna”, que era una frase con la que animaba a sus rivales, especialmente a los más jóvenes, cuando los derrotaba. “No te preocupes, esto nos pasó a todos pues el que carretea…”. Pero también tenía una frase para cuando era él mismo quien entornaba: “No se entornan los entornaderos, se entornan los descuidaderos”.

¡Joder, qué pena!

Pena añadida porque Tasio sólo tenía 54 años y porque a esa retahíla de hechos de hombre bueno habría que reconocerle que con el único que no fue bueno fue con él mismo, pues no era precisamente su principal preocupación cuidarse.

Reconozco que pocas veces me puede doler más contar una muerte que la de Tasio, también a mí me apetece decir “¡qué pena!” y se acabó; pero sé lo que él me diría: “Tú lo que eres es un vago, déjate de ostiadas y cuenta lo de Tasio”. Son tantas anécdotas, tantos titulares de crónicas son una frase suya, tantas otras se basaron en un recuerdo de alguna historia de Tasio… nunca olvidaré una tarde en Prioro, con la tensión que en aquel corro hay. Ya era la semifinal y una acompañante de su rival no dejaba de meterse con él, con su físico, con cómo se agarraba, con todo… Tasio al comenzar a luchar hacía algo extraño en él, recorrer el corro sin atacar, hasta que llegó delante de la que le insultaba. Se inventó una dedilla fulminante, sentó a su rival junto a su amiga y en voz baja, para ellos, le dijo: “Ahora lo envuelves y te lo quedas de regalo”. Tasio en estado puro.

Si hablamos de lucha leonesa este deporte ha perdido uno de los más grandes, sin duda, de aquellas gloriosas décadas de los 80 y 90. Tasio fue mucho más luchador de lo que dicen los títulos que ganó, que fueron muchos pero no eran una obsesión para Tasio que era capaz de estar jugándose la Liga y no acudir a un corro porque marchó a un concurso de mastines, su otra pasión. Su figura era mucho más importante que los títulos que ganó porque él, Tasio El Gato de Taranilla, era la lucha en estado puro, ésa que circula por la sangre y los genes y, de repente, afloraba la maña imposible, aquella que ni el mismo Tasio sabía que iba a dar: “Me salió. Sentí que apretaba el cinto y dije, por abajo no me espera”.

Tasio era un luchador a la antigua usanza. No sabía lo que era entrenar, no entendía ir a un corro y marchar sin quedarse a la fiesta, era incapaz de no regalar sus anécdotas en las largas tertulias de lucha. Cuando Tasio soltaba un “cómo decía mi abuelo el de Salio…” sabías que la sentencia posterior era muy jugosa.

Era tan imprevisible que Tasio el de Taranilla realmente era de Salio. “Ésa es muy buena, yo soy de Salio y allí viví hasta los 9 años pero cuando empecé a luchar mi madre me pidió que luchara por Taranilla y ay amigo… mi madre es mucha madre”; y remataba Tasio: “Después, cuando luchaba bien era de Taranilla, cuando me tiraban era de Salio”.

De cómo era Tasio en los corros habla cómo se tuvo que retirar, por una gravísima lesión de rodilla ¿Y cómo se produjo? Lee la explicación: “Me lesioné luchando con uno de Liegos. Lo saqué a vueltas, lo llevaba como a un muñeco y le iba a cruzar pero pensé: si lo cruzo ahora lo mato; y por no hacerle daño lo quise parar con la rodilla y me la destrocé, me dolía como si tuviera un perro agarrado la rodilla”.

Se fue pero para la historia de la lucha queda una imagen que define dos décadas: Javi Ponga, con sus terribles puños tiene a Tasio subido a su pecho… ¿qué va a pasar en la escena siguiente? Nunca se sabe. Todo es posible. Ponguina tenía unos puños de hierro, Tasio podía inventar lo imposible…

¡Joder, qué pena!

Se retiró. Y no volvió por los corros, no se aguantaba sentado en la grada. Añoraba su lucha, sin faja ni rodilleras, ni faja… “¿qué faja?, lo que hay es que echar callo, que a mí me pegabas un tiro en la cintura y no me hacía herida”. Se dedicó a la ganadería, a las ovejas y, sobre todo, “a los mastines y a los careas de León. Aquí el que no trabaje y no hable idiomas en mi casa no paran… detrás del lobo pueden ir hasta Caín, otra cosa es el oso, que pega a puño cerrado”.

Se nos ha ido. A reunirse con su mejor seguidor, El Tigre de Villahibiera, que llegaba a los corros y cuando estaba luchando Tasio entraba al centro del corro, abrazaba a El Gato y decía a voces: “Montañés, ¡vaya güevos que tienes! Y es que lo conocía desde niño, de Salio, que ya iba por allí con su carromato.

¡Joder, qué pena! Y más pensando en la persona que para Tasio lo era todo: su madre, la que le dijo que luchara por Taranilla y Tasio lo hizo.
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