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Obispo y mártir

Obispo y mártir

OPINIóN IR

18/05/2021 A A
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Obispo y mártir
Dentro de muy pocos días se celebrará en Astorga la beatificación de tres enfermeras vilmente asesinadas y torturadas en la zona asturiana de Somiedo en octubre de 1936 y cuyos restos mortales se encuentran en la catedral de Astorga. Pero hoy no vamos a hablar de ellas. Sí, en cambio, de un obispo joven y casi recién llegado a la diócesis, Don Juan Antonio Menéndez, cuya muerte repentina e inesperada tuvo lugar hace dos años el día 15 de mayo. Sus restos se encuentran precisamente sepultados en la misma catedral a escasos metros de los de las de las enfermeras mártires de Astorga.

Por esta vez no quisiéramos hacer realidad aquello que dijo el poeta Gustavo Adolfo Bécquer: ¡Dios mío, Dios mío, qué solos se quedan los muertos! Por eso en este segundo aniversario de la muerte de Don Juan Antonio me parece de justicia no dejarlo en el olvido. Él había llegado a Astorga hacía muy poco tiempo, lleno de ilusión y con ganas de trabajar. Y se encontró con un par de casos de presuntos abusos a menores, sucedidos hace casi cuarenta años, cuyos procesos judiciales estaban ya en marcha, pendientes de la solución de Roma.

Pues bien, como si él fuera el culpable, se le acusó de todo, hasta de encubridor, haciéndole responsable de lo sucedido. Un día sí y otro también varios medios de comunicación le dedicaban amplios reportajes, la misma noticia repetida una y otra vez. Y, sin embargo, él estaba obsesionado por luchar contra la lacra de los abusos. Creó una Delegación Episcopal especialmente dedicada a este tema, estableció unos protocolos muy rigurosos para evitar cualquier tipo de abusos, llegando a ser un ejemplo para el resto de las diócesis de España, hasta el punto de que la Conferencia Episcopal le nombró como presidente de la comisión encargada de estos temas. Ni por esas. Seguían metiéndose con él.

El día 13 de mayo, antevíspera de su muerte, tuve el honor de tenerlo como invitado a cenar en mi pueblo en casa de mi familia. Al día siguiente fue a Madrid, concretamente para trabajar sobre el tema de los abusos. Me consta que durante el viaje escuchó la lectura de un nuevo artículo contra él. Pocas horas después se su regreso, en su despacho, se le rompió el corazón. Recientemente quien fuera su Vicario Judicial, que también sufrió de lo lindo por estos temas, Don Julio Alonso, tendría un final parecido. Y, si de algunos medios depende, cualquier obispo que llegue a Astorga seguirá siendo culpable hasta de los abusos de la Inquisición. Descansen en paz, víctimas de un martirio incruento.
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