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Nunca pasa nada

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07/07/2018 A A
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Nunca pasa nada
Vaqueros rotos en los bolsillos y un trozo de los glúteos al aire, la chica camina por la calle solitaria hacia la casa blanca. A la sombra del alero de madera, sentada en el banco, una anciana apoya sus manos arrugadas en un bastón y la saluda.

-Hombre, ¿ya estás aquí? ¡Vaya pintas que te traes, hija! ¿Y ahora qué, vacaciones, eh? Ven, ven, siéntate. Éstos no son los calores de Madrid, ¿a que no?

La chica besa a la anciana.

-¿Qué tal, abuela? ¿Cómo va todo?

-Como siempre, hija. Ya sabes, menos gente y menos críos y menos trabajos. Por lo demás, aquí nunca pasa nada.

Como tres moscardones azules, los furgones de la Unidad de Delincuencia Económica y Fiscal de la Policía Nacional se han posado en una de las calles próximas al ayuntamiento de la capital de la provincia olvidada. Los agentes enseñan las órdenes judiciales de registro. Dentro del edificio, junto a las plantas de plástico, desalojo de despachos, revuelo de papeles y copiado de discos duros. Los agentes saldrán después con cajas de cartón en las manos. Susurros en los pasillos.

A la misma hora, otros furgones aparcan junto a cuatro ayuntamientos más. Se multiplican las llamadas, arden las antenas de telefonía móvil de la enredada provincia. La prensa ya se ha enterado: hay carreras, micrófonos de colores, bolígrafos bic a punto. Los nombres empiezan a llegar a los titulares y a las ondas hertzianas: León, San Andrés del Rabanedo, Villaquilambre, Astorga, Villarejo de Órbigo. Alcaldes y concejales entran y salen con cara de sueño, con cara de susto, con cara de no-se-sabe-bien-qué.

Primeros interrogatorios y primeras detenciones: políticos y empresarios. Hay apellidos que sólo se dicen en voz baja o ni siquiera se dicen. Días después, en una cárcel lejana, dos manos que han estrechado miles de manos y firmado cientos de contratos; dos manos que dirigen empresas, periódicos, televisiones y muchas vidas, reciben un par de sábanas bien dobladas y una manta para hacer la cama.

Hace tiempo, en esa provincia desolada, asesinaron a la presidenta de la Diputación y llegaron más policías y hubo más detenciones y existen otros casos aún por juzgar, pero nunca pasa nada.
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