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Nunca llovió que no escampara

Nunca llovió que no escampara

OPINIóN IR

21/10/2020 A A
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Nunca llovió que no escampara
Un acertado dicho del mundo rural: nubes que se deshilachan, arco iris –sin connotaciones–, olor a tierra mojada y el sol abriéndose paso. Imágenes comunes y materia de metáfora. Escampan las disputas, querellas, agravios o enfermedades. Pero la literatura, ante cosas indescriptibles, también tiene límites.

¿Respiraremos algún día el aire diáfano y libre de patógenos? Pensamos que sí, que el progreso nos mantiene a salvo de todo, en un mundo feliz, aunque no de nosotros mismos, pues la estupidez es general. Sin embargo, la historia de la Humanidad siempre ha ido acompañada de enfermedad y dolor. Ya en la Antigüedad, médicos como Galeno o Hipócrates, ejercían su labor. Hoy, pongamos por caso, se recaba sensibilidad e inversión frente al cáncer de mama, que sigue siendo un azote para muchas mujeres y algunos hombres.

Nunca han faltado calamidades. Así, acudiendo al Evangelio, vemos episodios de la temida lepra, y curaciones milagrosas. Espeluznante, el caso de Ben-Hur. Pero hay más. En pleno paraíso de Hawaii, el Padre Damián murió atendiendo a los leprosos de Molokai y Enri Charrière, en Papillon, encuentra un dedo, perdido, en una charca donde saciaba su sed.

Mas, si algún beneficio debemos a las plagas, fue la tregua establecida en la llamada Guerra de los 100 años. Se salvaron muchas vidas, pero, al final, la Peste Negra se encargó de saldar la previsión de muertos, llevándose media Europa. Era algo tan familiar que dio lugar a las Danzas de la Muerte, tan del gusto de la gente como las ejecuciones públicas.

En el siglo XIX, E. A. Poe, narra ‘La Máscara de la Muerte Roja’ donde, uno por uno, perecen todos los personajes. Más actual, Albert Camus, en ‘La Peste’. Obra muy recomendable.

Pero la enfermedad es como una cortina que eclipsa a otros males como el ébola, la malaria, el sida... y las maniobras políticas para erosionar el Estado de derecho y demás instituciones. Una plaga no menos peligrosa es la de un gobierno autoritario, incapaz y basado en el fraude. Con el único mérito de habernos situado en la cota más alta de mortalidad y la ruina inminente. Mención especial para Illa, cuyo único mérito es ser amigo de Iceta y para el fiasco de Simón. Pero... si fueron ministras Leyre Pajín, Ana Mato, Trinidad Jiménez, Fátima Báñez y Alfonso Alonso –otro filólogo– todo es posible.

Al cabo, una pincelada de optimismo: escampará y algún día vendrá una paloma, con una ramita de olivo en el pico.
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