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Novena de fe mayor o en re menor

Novena de fe mayor o en re menor

OPINIóN IR

09/08/2020 A A
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Novena de fe mayor o en re menor
Este año se cumple el 250 aniversario del nacimiento, en la ciudad alemana de Bonn, de Ludwig (Ludovico) von Beethoven (‘granja de remolachas’), considerado uno de los compositores más importantes de la historia de la música, integrado musicalmente en ‘Las tres grandes bes (junto a Bach y Brahms)’. En 1782, a la edad de once años, hizo pública su primera composición; a los 24, la primera obra importante; en 1800, su primera sinfonía.

En su vasto currículum, Beethoven dejó para la posteridad un importante legado: 9 sinfonías, 1 ópera, 2 misas, 3 cantatas, 32 sonatas para piano, 5 conciertos para piano, 1 concierto para violín, 1 triple concierto para violín, violonchelo, piano y orquesta, 16 cuartetos de cuerda, 10 sonatas para violín y piano, innumerables oberturas, obras de cámara, series de variaciones, arreglos de canciones y bagatelas para piano. Todo ello aquejado de precaria salud, sobretodo afectado de una dolencia terrible e injusta para un músico: la sordera, que le causó enorme sufrimiento y llevó incluso hasta las puertas del suicidio, solo evitado a fuerza de enorme voluntad.

Entre las nueve sinfonías, es común destacar la Tercera, o Heroica (dedicada a Napoleón, considerado por aquellas fechas como gran hombre progresista (de cuya alabanza se arrepintió borrándole de la primera página de la partitura cuando Napoleón se convirtió en Emperador ), además de la Quinta y la Novena. Esta última con coro tomado de la Oda a la Alegría escrita por Friedrich von Shiller y compuesta como canto a la libertad de Europa frente al imperialismo. Para mi gusto, sin embargo, la Séptima, verdadera apoteosis de la danza.

Pese haber muerto a una edad temprana, 56 años, y alcanzado resonancia mundial como ningún otro músico compositor, no quiere decir que haya personas que no ignoren su excelsa música. Doy fe de haberme tropezado con alguna de ellas como a continuación reflejo.

Cuando, hace ya unos años, llegué a Val de San Lorenzo con el tiempo justo para presentar la publicación de mi último libro, sorprendentemente la puerta estaba cerrada. Solo un par de ancianos descansaban sentados en un poyo pegado al muro del Museo Textil. Hablaban, como acostumbra gente muy longeva, de su salud.

– Agapito, ¿fuiste a tomar la tensión? –Sí, claro. –¿Normal, alta o baja? –La misma. –¿Cómo la misma? –Pues la de siempre, 863,75 euros. –He dicho teennssiióónn, Agapito. –Perdona, te entendí la pensión.

Interrumpí la conversación: –¿Es aquí donde tiene lugar la presentación de un libro a las 20:30 horas, verdad? –pregunté. –No, a esa hora, respondieron al unísono, es la novena. –¿La de Beethoven? –¿Como? ¿La de qué? –preguntó el varón mostrando evidente sordera e incomprensión. –Pues la novena y última sinfonía de Beethoven en re menor, el gran músico alemán. –¡Qué coño de novena de benfofen, o como se diga, ni qué reses, la novena a la Virgen de la Carballeda, patrona de Val de San Lorenzo! –Bueno, bueno, no se ponga usted así. ¿Y cómo es que no está usted en la iglesia? –¿Cómo? –Queee cóoomooo nooo eeestáaa uuusteeed eeen laaa iiigleeesiiiaaa. –Pero, joder, ¿es que no se nota? ¡Pues porque estoy sordo, leche! –Entonces –le dije– al igual que el gran compositor alemán, que también estaba sordo como una tapia. –¿Cómo qué? –No, nada.

La mujer, que hasta ese momento había permanecido callada a las palabras del que debía de ser su marido: –Es que a nosotros, verdáusté, no nos gusta la música ratonera. Donde esté Manolo Escobar con el Porompompero...
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