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Nos toca

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08/10/2017 A A
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Nos toca
Siempre me asombro cuando escucho eso de que a los españoles nos costó mucho conquistar la democracia. Es un tópico que se utiliza con cierta frecuencia, la última vez por Pedro Sánchez en la noche del 1 de octubre, pero no por ello más cierto.

Ignoro lo que se explicará ahora en las aulas de Historia a los pobres estudiantes de la ESO o del Bachillerato –miedo me da imaginarlo– pero por lo que yo sé, la heroica conquista consistió, en primer lugar en que Francisco Franco se hizo mayor y finalmente se murió, más o menos cuando le vino en gana, sin que los españoles hicieran más que seguir los acontecimientos por la radio con gran interés. A continuación las Cortes del régimen, en un ejercicio de generosidad sin precedentes, decidieron aprobar una Ley para la Reforma Política, disolverse y convocar elecciones constituyentes, y los españoles, de nuevo, siguieron los acontecimientos por la radio con gran interés. Tras la aprobación de la Constitución –para la que, eso sí, hubo que salir un domingo a votar– el teniente coronel Tejero y los generales Armada y Milans del Boch dieron un golpe de estado que se apagó solo a las pocas horas, y los españoles, una vez más, lo siguieron por la radio con gran interés. En conclusión, cuando Pedro Sánchez dice que a los españoles nos ha costado mucho conquistar la democracia deduzco que se referirá a lo que nos hemos gastado en pilas.

Aunque Pedro Sánchez esté ahora muy ocupado con la reprobación de Soraya Sáenz de Santamaría, lo que en esta ocasión está en juego es la unidad de España, su integridad territorial, la soberanía nacional, el Estado de Derecho y el imperio de la Ley, que gratis recibimos y que gratis debemos dejar a nuestros hijos. Pero para ello ya no va a ser suficiente con estar pendientes de la radio y confiar en la visión de Estado o altura de miras de los políticos, que brilla escandalosamente por su ausencia.

Viendo las manifestaciones espontáneas de estos días y escuchando a amigos de procedencias políticas muy dispares, diría que no se da en España una unidad social como esta desde el asesinato de Miguel Ángel Blanco, y tiendo a pensar que los españoles estaremos a la altura, que los progres casposos que hacían ascos a la bandera están en peligro de extinción, y que de este intento de acabar con la nación surgirá, como apuntaba hace escasos días el ‘New York Times’, un nuevo patriotismo español, moderno y civilizado pero también firme y decidido. En nuestras manos está.
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