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Nos hacemos pamplinas

Nos hacemos pamplinas

OPINIóN IR

18/11/2019 A A
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Nos hacemos pamplinas
Nos hacemos pamplinas, dijo la abuela que jugaba con su nietecito al que tenía en el regazo y con lo que intercambiaba risas, besos, y abrazos. Y a continuación le pedía, sin convicción alguna: «No me hagas caso, hijo, no me hagas caso».

Así, como un cuento macabro de esos, imaginó el cronista las negociaciones entre Pedro Sánchez y Pablo Iglesias, líderes de las dos formaciones políticas que, durante el verano estuvieron haciendo el ‘paripé’ de que preparaban un gobierno de concentración para regir España, esta España monárquica y constitucional en la que ninguno de los dos cree, al parecer, y amenazada por los independentistas, con los cuales ambos cuentan para esa tarea tan extraña de hacerse pamplinas sin hacerse caso.

Y cuando resulta que la abuela se pone seria y protesta que ya es de ocuparse de las cosas de comer y dejarse de pamplinas, el nieto se remonta y dice que va a consultarlo con el pueblo, y sale a la calle y convoca a todos pidiéndoles que decidan ellos y ellos deciden que venga el bruto a meterle miedo a la abuela, y el día 10 de noviembre viene al que llamaban Vox y se mete dentro. Y en la cocina de Tezanos, que era quien condimentaba los guisos a la abuela, se arma la marimorena.

«A veces, cuando Dios tiene ganas de broma, castiga concediendo lo que deseas, le dijo Ruy Díaz a Yacub Al-Jatib» leyó Pedro Sánchez, que así se llamaba el niño, en el libro titulado ‘Sidi’ de Arturo Pérez Reverte y pensó que así había ocurrido, efectivamente, el 10 de octubre, cuando 3.000.000 de electores se olvidaron de votar al mandamás del Cs, un tal Rivera, y eso hizo que aquel joven muchacho dimitiera y se fuera a su casa y abandonara la política y así quedó vengado el Presidente en funciones, al que el otro había rechazado con inusitada ferocidad diciéndole que no pactaba con él ninguna de las maneras.

No me hagas mucho caso, hijo, no me hagas mucho caso, le repitió la abuela al votante que a veces se portaba como un niño y se dejaba llevar por los antojos y en poco tiempo cambiaba de opinión y de talante. «Si flaqueo, muero; si retrocedo, muero; si no venzo, muero» leyó Pedro Sánchez. Lo decía el moro Yacub Al-Jatib antes de entrar en batalla, y se dispuso a abrazar a su enemigo Pablo Iglesias, mientras le felicitaba a Tezanos, el cocinero, por haber hecho ‘un pan como unas hostias’ en su CIS subvencionado. Y colorín colorado, este cuento se ha acabado. Pobres nosotros, pobre abuela.
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