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No vaya a ser que

No vaya a ser que

OPINIóN IR

19/09/2021 A A
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No vaya a ser que
La verdad es que la postcanícula, a pesar de las bondades de la postpandemia —que ya nos deja averarnos en la barra y que el cantinero nos llame lo que quiera como debe de ser, de cerca— se estaría haciendo muy larga, casi insoportable, si no fuera que en el horizonte piensas que ya están ahí, a la vuelta de la esquina los pinchos del Día del Pilar en el cuartel de los señores lobos, para recuperar a diente las desavenencias con la sección Tráfico de la GC como conductor, unas de temática artística (no les gustó el dibujo de las ruedas, y eso que me lo hizo Lolo), las ansias de libertad (no lleva el cinto colocado en las sujeciones) y el tradicional ponerse tiquismiquis (circular con una rotura en el parabrisas que dificulta la visión diáfana del conductor y pone en peligro la rigidez estructural del vehículo; en lleunés una raya)...

No se si estará bien hecha la convalidación si los daños que causa la sección Tráfico los reparas en el cuartel del pueblo, que no tiene culpa, oye unos benditos esa gente, pero es que los señores lobos de Tráfico yo creo que no dan ni la hora, una vez se la pregunté en Casa Senén y me señalaron para el enorme reloj que cuelga en la pared sin decir ni palabra. Que cuando no me multan me llaman tonto, que la verdad, lo prefiero, sale mucho más barato.

Y además este año tenemos que sacar a diente lo de dos años, que el año pasado el ministro de la cosa les dijo que no dieran ni un pincho, no fuera a ser que..., que es lo que ponían de disculpa para todo, «no vaya a ser que», menos los de los bancos que lo que menos les importa que vaya a ser que o no vaya a ser que, ellos lo meten todo para la buchaca atraco mediante.

«Dios quiera que entelen de lo que coman que les de un torzón que entre más corran más les duela y si paran... revientan», decía al salir de la que fue caja y ahora es verde, que al disgusto de pagar 60 euros me avisó: «Le tengo que cobrar 6 de comisión... es lo que me sale aquí».

Ya lo decía Sidoro, «llevo toda la vida matando cabrones y me faltan justo el doble que cuando empecé»·.

Dios menguante, eso sí.
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