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No sé si soy valiente

No sé si soy valiente

OPINIóN IR

13/01/2021 A A
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No sé si soy valiente
Los días previos a las festivas fechas de finales de año funcionó por las redes sociales una imagen en la que un hombre se sorprendía al arrancar la hoja diaria correspondiente al treinta y uno de diciembre y ver cómo la jornada que le sucedía no era el uno de enero, sino que era el día treinta y dos. No dejaba de ser una consciente sobredosis de realidad diluida en humor. Acordarán conmigo que buen juicio no le faltaba, pues, al margen del número calendar, ¿qué cosa cambiaría en nuestras lamentables circunstancias pandémicas?

¿Han salvado la navidad o han, temerariamente, empeorado la ya de por sí peligrosa situación sanitaria, la anormal ‘nueva normalidad’? A fecha del día once y en catorce días, 180.878 nuevos contagios en España. Diría que retrocedemos muy inadecuadamente.

A estas alturas de la anormalidad, pasadas las sagradas fechas y recordando que ya hace más de un año que la estadística ha venido a confirmar que –¡Ay, Azaña!– «España ha dejado de ser católica», casi no me queda otra que darle la razón una vez más a Carl Gustav Jung cuando nos enseñó que el inconsciente colectivo (simbología universal) tiene una profunda influencia en las vidas de muchos individuos que viven estos símbolos y los revisten de significado a través de sus propias experiencias. No seré yo quien diga que está libre de contradicciones, pero ¿de verdad es tan aterrador pasar unas navidades sin reunirse con más miembros de la familia, sin encontrarse con los amigos? ¿Tan poco tiempo les dedican el resto del año? ¿En tan poca estima se les tiene como para incrementar el riesgo de contagio? ¿Tan ciego y sordo se puede llegar a ser por un mito o por una creencia religiosa?

Me preguntaba igualmente hace días, lo comentaba con amigos, si habría sido yo el único que escuchó los avisos de nevada y de evitar viajes, si no estaban ya la mayoría de comunidades autónomas con cierre perimetral y cómo entonces era posible que cientos de vehículos en multitud de carreteras quedasen bloqueados.

Mas nadie se preocupe, este escribidor, de la mano del poeta Ángel González, aun sus incomprensiones y miedo, mantiene «Siempre la esperanza» porque «Esperar la desdicha,/ ¿es una forma de esperanza?/ La menos peligrosa, en cualquier caso./ La que no puede defraudarnos nunca».

Quizá todo sea que, como dejó escrito el poeta, «Hay que ser muy valiente para vivir con miedo» y yo, lo confieso, a veces siento miedo. Y no sé si soy valiente, pero sí que no soy temerario.

¡Salud!, y buena semana hagamos y tengamos.
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