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No se caen más casas porque se venden

No se caen más casas porque se venden

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La ruina acaba por echar al suelo cientos de casas abandonadas en los pueblos de la provincia.  | MAURICIO PEÑA Ampliar imagen La ruina acaba por echar al suelo cientos de casas abandonadas en los pueblos de la provincia. | MAURICIO PEÑA
D.L. Mirantes | 08/10/2017 A A
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No se caen más casas porque se venden
Vivienda La despoblación pasa de largo en el mercado inmobiliario y cada año se registran unas 1.300 operaciones de compraventa de viviendas usadas en municipios del medio rural
Tablones forrados de sacos de nitrato protegiendo las puertas cerradas, contraventanas bien encajadas, chimeneas que no ahúman, hierbajos creciendo en las grietas de la acera... Elementos comunes del paisaje de entre semana de los pueblos en estos meses oscuros que vienen, donde por cada cocina encendida se cuentan tres o cuatro apagadas. Es la prueba más fiel de la despoblación para el que necesite meter el dedo en la llaga de las estadísticas.

Las casas están vacías la mayor parte del tiempo, pero no abandonadas. Es cierto que muchas, sobre todo las más viejas, terminan dando con el tejado en los cimientos, pero otras muchas se salvan de la ruina, incluso se mejoran y se habitan. De hecho, el mercado inmobiliario en el medio rural parece no verse afectado por la despoblación y sufrir en menor medida las estrecheces de la economía.

Así se deduce de las series estadísticas de Transacciones Inmobiliarias de viviendas de segunda mano del Ministerio de Fomento. De acuerdo con las cifras oficiales, en la última década se han registrado alrededor de 15.000 transacciones en municipios de menos de 20.000 habitantes. A pesar de que no se habite se sigue vendiendo la casa del pueblo, las casas de los pueblos siguen interesando. Lo constata también la media anual. Unas 1.300 cada año, en un ritmo muy constante, sin apenas dientes de sierra, solo un pico de 2.200 compraventas en puertas de la crisis (2007) y un valle de 1.000 en 2013. El año pasado ya fueron 1.476, 1.350 en 2015.

Se va a seguir vendiendo, pero puede cambiar más el tipo de comprador; ya hay mucha gente de León
Darío Villanueva y Verónica Deville- Bellechasse, de León de Pueblo, una de las escasas inmobiliarias "vocacionales" y especializada en este tipo de inmuebles en España, con más de 15 años de experiencia en compraventa de viviendas en el medio rural, explican que "los efectos de la crisis han sido generalizados en todos los sectores y, por supuesto, afectaron al mercado inmobiliario, pero pensamos que el mundo rural fue un poco la vía de escape para muchas personas que vieron disminuida su capacidad adquisitiva y de crédito y que decidieron optar por inmuebles más baratos, con ahorro en tasas e impuestos, en entorno saludables y con comodidades que no tendrían en un piso como espacios amplios, jardines, huertas, etcétera, y sin gastos de comunidad".

Es un mercado diferente. El medio rural –dejando también a un lado las cabeceras de comarcas y los núcleos de población más grandes, donde han proliferado bloques de pisos– tiene sus propias reglas de mercado. No resulta significativo que en Boñar, La Vecilla o Vegacervera –tres de la plazas más demandas por el entorno, los servicios y la localización geográfica– se hayan vendido en estos diez años 141, 63 y 35 viviendas usadas respectivamente. Es más llamativo que en Destriana, con una población de 523 habitantes se hayan vendido 44, en Almanza 43 con 563 vecinos o 24 en Izagre con 173 habitantes. Los factores geográficos no alcanzan para explica por qué no se para el mercado inmobiliario en los pueblos aunque pierdan población o quiénes son los que adquieren las viviendas.

No aspiramos a que los pueblos tengan la vida de los años 50, pero por lo menos que no se caigan
"Nosotros vendemos casas para primera vivienda, pero también muchas para segunda, gente que compra para veranear o estancias discontinuas en pueblos que no conocía porque le agrada el entorno", explican Villanueva y Deville-Bellechasse, que reconocen que también hay "gente que desciende del pueblo, antecesores a los que les tiran las raíces, compradores que quieren un lugar tranquilo y agradable para la jubilación, vecinos que compran inmuebles anejos para ampliar...". Los expertos de León de Pueblo llegan a concluir que "parece que no hay despoblación, sino cambio de población".

Quizás por ello en Quintana del Castillo, con 786 habitantes, lejos del Camino de Santiago, fuera de la vecina Reserva de la Biosfera de los Valles de Omaña y Luna, sin grandes perspectivas de desarrollo ni recursos extraordinarios, se han vendido 43 viviendas de segunda mano.

No obstante, un hecho destacable, según reconocen en León de Pueblo, es que las ventas se reparten casi al 50% entre casas para primera residencia y para segunda. En esta línea, una de la conclusiones que se desprende de la estadística y que confirman en León de Pueblo establece que para residencia principal en el medio rural, generalmente, pesan más los factores geográficos y materiales, mientras que en el caso de las segundas residencias tienen mayor peso los personales. En el primer caso, grosso modo, el comprador busca que esté cerca de León, en buen estado, con una reciente tendencia hacia la planta baja y con un jardín o patio como elementos "irrenunciables". En el segundo caso, se prefieren zonas de montaña, con vistas, ríos, inmuebles para rehabilitar... Además, actualmente se puede incluir una tercera categoría, específica para el Camino de Santiago, donde muchos compradores también adquieren inmuebles como inversión o con perspectivas de montar un negocio.

Tampoco han desaparecidos los que buscan su propia ‘cabaña de Walden’, "hace poco vendimos un aprisco en un bosque a unos belgas", asegura Darío Villanueva.

De cara al futuro del negocio, "se va a seguir vendiendo, aunque puede que cambie todavía más el tipo de comprador; hace unos años el 80% eran de fuera y ahora ya hay mucha gente de León". Pese a ello, el dinamismo del mercado inmobiliario del medio rural no parece, por el momento, una potente arma contra el fenómeno de la despoblación, que cada día inspira más resignación. "No aspiramos a que los pueblos tengan la vida de los años 50, pero por lo menos que no se caigan, que las calles fantasma revivan de viernes a domingo".
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