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"No olvidéis a mis artesanos"

"No olvidéis a mis artesanos"

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Presentando otro de sus numerosos trabajos, la colección ‘Descubre tu patrimonio’. Es autora de numerosos libros de temáticas muy diversas.| MAURICIO PEÑA Ampliar imagen Presentando otro de sus numerosos trabajos, la colección ‘Descubre tu patrimonio’. Es autora de numerosos libros de temáticas muy diversas.| MAURICIO PEÑA
Fulgencio Fernández | 23/08/2016 A A
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"No olvidéis a mis artesanos"
Obituario Falleció Concha Casado, se le apagó la vitalidad a los 96 años y en los últimos, consciente de su deterioro, no tenía otra preocupación que "mis artesanos, no los olvidéis"
La última vez que fui a ver a doña Concha en el sanatorio de La Regla iba a marchar con el convencimiento de que se había apagado la luz de la mujer más activa que jamás he conocido. No estaba seguro ni de que me conociera y cuando ya iba a marchar me pidió que me acercara y con un hilo de voz me dijo:"Va a ser la fiesta de La Cabrera, hazles una cosa bonita".

- ¡Esta es mi Concha!;le dije, pero ni sonrió.

En el Instituto Leonés de Cultura sabían que algo iba mal pues no aparecía Concha con ningún palomar o molino bajo el brazo para decir que "hay que reconstruirlo, con la historia que tiene".

En La Cabrera se temían lo peor pues en sus últimas celebraciones sólo enviaba un texto, no iba ella, en la parte trasera del coche de cualquier amigo, y, decían, "algo le pasa a doña Concha".

Muchos artesanos te preguntaban, ¿qué es de doña Concha?, hace mucho que no viene por el taller.

Y la extrañaban los telares y preguntaban los últimos curtidores de Mansilla, y los pueblos en los que se había ganado a base de trabajo el título de Hija Adoptiva... Y en el Alfar Museo, que tanto le debe, eran conscientes de que el calendario puede ser cruel hasta con ella, que parecía incombustible.

Porque su vida eran los pueblos, las construcciones, los artesanos, las indumentarias, los músicos populares, las coplas... ¡Qué gracia verla en las reuniones del Jurado de Leonés del Año cuando Martín Villa la saludaba con esa mirada distante de estadista que dios le ha dado y Concha entablaba una conversación tal que así: "Qué mérito tiene Jenaro el de tu pueblo, Santa María, que ya son cinco generaciones haciendo ese trabajo ¿Oye, tú no conocerás a nadie porque hay un palomar precioso pero tiene muchas goteras?".

Y Martín Villa no conocía.

Pero ya encontraría doña Concha a alguien que sí conociera, porque ella no se rendía jamás. Hasta que no pudo más. Todo empezó en aquel 2010 en el que ya recibió un aviso serio, se recuperó pero ya no volvió a ser aquella Concha que te citaba al amanecer para ir a la Cabrera a ver algunas restauraciones y al pasar por La Bañeza vemos a un cestero que hace unas cosas preciosas. Y ella lo sabía, ¡cómo no!, y su trabajo comenzó a ser atar cabos. Le llovieron los reconocimientos —y además de la primera Leonesa del Año ‘mujer’ fue hija adoptiva de La Cabrera y Carrizo de la Ribera, recibió la Medalla de Oro de la provincia de León en 2012 o el Premio Castilla y León a la Restauración y Conservación del Patrimonio en 2009, por citar algunos—y ella los recibía agradecida pero con el mismo discurso:"Otra como yo seguramente puede aparecer, y aparecerá, sólo se trata de trabajar y en esta tierra sobran gentes trabajadoras ... pero esos últimos artesanos tan olvidados, ¿qué va a ser de ellos?». Y remataba siempre con un "no olvidéis a mis artesanos".

Pero tengo para mí que lo que es muy complicado es que aparezca otra como ella. Con tanta pasión y tanta capacidad de trabajo. Que te describa con pelos y señales cada pieza de un molino y no entienda el mando de la televisión. "Tú, Concha, lo que no tenga rodezno no te despierta ningún interés". Sólo sonreía, "venga vamos", y echaba a andar por aquella casa —"enfrente del ILC para desgracia de ellos"—sorteando todo tipo de objetos de artesanía, fotos y aquel largo etcétera que ya hace tiempo que donó a los leoneses a través del Museo Etnográfico Provincial de Mansilla de las Mulas, donde lo pueden disfrutar.

Es cierto que siempre se hablaba de pasajes de su carrera de mucho lustre intelectual, su carrera, su tesis dirigida por Dámaso Alonso, su trabajo junto a Julio Caro Baroja, su estancia en Bonn o Milán... pero ella lo que no olvidaba eran aquellas encuestas en Zamora o Truchas, que además le permitían el viaje de regreso a sus raíces, pues la rama familiar de su madre Concha la llevaba hasta Zamora y después abrió  tienda en Truchas.

Y qué capacidad tenía para pasar página de los malos momentos:

- Concha, cuando fuiste enfermera ¿era para los nacionales o los rojos?

- Para los enfermos.

La estoy escuchando. "No os olvidéis de mis artesanos".

(Aviso por si tenéis la tentación de no hacerle caso:Es capaz de volver).
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