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No nos dejes caer en la tentación

No nos dejes caer en la tentación

OPINIóN IR

06/07/2021 A A
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No nos dejes caer en la tentación
Comprendo que entre las gentes de mi comarca de La Cepeda y de otros lugares de la provincia de León haya un profundo malestar por el proyecto de invadir el territorio con monstruosas instalaciones de cristal para obtener energía solar. Entiendo que se hayan creado plataformas para defenderse de lo que parece un abuso. Ello nos trae inevitablemente a la memoria la década de los años noventa, en plena reconversión minera y de explotaciones de carbón a cielo abierto. Una especial fuerza en mi interior me movió a promover la creación de una coordinadora en defensa de la cuenca minera.

En honor a la verdad he de decir que no solamente recibí críticas y amenazas, sino también un gesto muy singular por parte de la principal empresa. En efecto, me invitaron a comer con toda la plana mayor en un lugar tan privilegiado como el reservado del restaurante de nuestra querida Salomé en Toreno. Les pedí que me dejaran llevar también a un amigo y lo aceptaron sin problema. Deseaba tener algún testigo del evento. La comida fue espléndida y, aunque uno no entiende de vinos, daba la impresión de que se trataba de un gran reserva de tiempos de Noé. Confieso que no abusé de la bebida y que pude mantener la mente siempre lúcida.

Al tiempo de los cafés llegaron las preguntas: «¿Usted cuánto gana?». Les respondí que mucho, que al burro de Cristo nunca le faltó cebada. Me preguntaron si necesitaba dinero para hacer alguna obra, si tenía alguna persona necesitada de trabajo a la que quisiera colocar en la empresa… y así sucesivamente. Comprendí que era una persona privilegiada, sin grandes necesidades y, además, libre. Pero, sobre todo, me dio por pensar que seguramente por aquel reservado también habrían pasado presidentes de juntas vecinales, alcaldes, concejales, sindicalistas, gentes de la prensa… de cuya honestidad en principio no debería dudar, aunque también es cierto que la carne es débil.

Creo que en estos casos lo más honesto es que quienes toman decisiones en nombre de los pueblos a quienes dicen representar no obren con nocturnidad y alevosía, que haya transparencia y dejen decidir a las gentes. Y que, cuando recen el Padrenuestro, digan con insistencia aquello de «no nos dejes caer en la tentación» y «líbranos del mal que pueden ocasionar esas instalaciones monstruosas».

Es una pena que siendo tan importantes las fuentes de energía limpias, siempre que se utilicen con mesura, las hagamos todavía más sucias, tanto por el irreversible daño a la naturaleza como por la falta de escrúpulos de sus promotores.
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