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No, no era ciencia ficción

No, no era ciencia ficción

OPINIóN IR

21/07/2019 A A
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No, no era ciencia ficción
A mediados de diciembre de 2018, este periódico publicaba, en sus páginas de opinión, un artículo donde se sostenía, sintetizado, lo que podría ocurrir al año siguiente –mayo de 2019– en las elecciones autonómicas en Castilla y León. «Desde hace tiempo –se añadía- las expectativas de los ‘populares’ (aún no había entrado en juego Vox) se centraban en maridar con Ciudadanos. Directamente. Y viceversa, desde luego. Ambos estaban de acuerdo. ¿Lo mollar? Que cogiditos de la mano –si les dieran los números el 26 de mayo, naturalmenterepartirse el turrón regional, incluidas las peladillas». Seis meses después ha ocurrido.
Otro de los párrafos del, por entonces, receloso y discutido texto recogía lo siguiente. «Y lo que tampoco pueden negar –algo que, eso sí, inadmiten en público– es que en esas conversaciones en cámaras acorazadas, sin luz ni taquígrafos, ya se venía estudiando un borrador, un adelanto de dudosa grafía, donde, en unos folios, sumados los escaños, se anotaban las competencias personales que respaldarían a las dos organizaciones en el caso de un hipotética victoria en común». Se ha cumplido.

Y concluía. "Ahora bien, de darse este posibilidad –la coalición de los ‘casados’ y los ‘riveras’-, no todo se circunscribiría a la presidencia de la Junta, a las consejerías y a los cargos más apetecibles. Habría disensiones por algunas alcaldías. Sin ir más lejos, la de León. Cuidado con este dato. Si en las Cortes vallisoletanas da la suma, y en el salón de plenos de la capital leonesa también, la cosa se puede poner chunga para el Partido Popular y su candidato. Muy chunga. Y no es ciencia ficción. Ni por asomo. Es real". Recuérdese al caso el veto de Francisco Igea –el líder naranja del ente autonómico- a una posible renovación de Silván. La noche de las elecciones municipales daban las sumas. Después, se jeringó la cosa.

La verdad es que todo barruntó, luego, en papel mojado ante la sorpresa del desenlace logrado en Andalucía por las mesnadas de Santiago Abascal. Les entró el canguelo a los firmantes azules y anaranjados frente a lo que se podría avecinar. No obstante, una vez abiertas las urnas y dado el producto aritmético definitivo, volvieron a sentarse, muy cómodos, en torno a la mesa. El positivo y exitoso resultado –la adición de PP con de C’s- volvía a poner en órbita –la puso- aquel ‘entramado’ de pactos y repartos adelantados.

¿Conoció Juan Vicente Herrera la jugada? Quién sabe. El ‘capo’ de Castilla y León, que, decían, lo sabía todo, quizá no se dio por enterado de la maniobra. Algo natural. Mañueco no era el ahijado predilecto. Sus miras estaban más al norte, no al oeste. Pero le salió respondón el ‘cónclave’. Y ahí está la prueba.
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