No mires arriba

No mires arriba

OPINIóN IR

26/12/2021 A A
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No mires arriba
Cuando a primera hora del pasado lunes Alfonso Fernández Mañueco anunció que se adelantaban las elecciones autonómicas, por toda esta comunidad de vecinos mal avenidos se escuchó un coro de periodistas que, con el tonito de los mismísimos niños de San Ildefonso, decían «ya lo sabía yo», «eso ya lo publiqué yo» o el arrogante «como ya adelantó...». Cada uno de ellos lo decía plenamente convencido de haber sido el primero, pese a que no hacía falta ser ningún sabueso para verlo venir, y siguieron escupiendo al cielo con más fe que nunca en que, además de brillantes periodistas, eran deslumbrantes adivinos.

Si la política es el arte de medir los tiempos, a Mañueco le pueden encajar todos los calificativos que a uno se le ocurran, pero es, con diferencia, el que mejor los mide. Entre otros motivos, porque es un profesional de la política y porque nunca ha vivido de otra cosa. Sirva como ejemplo de su talento para parecer necesario que durante años fue capaz de ejercer como consejero de justicia sin que la Junta haya tenido nunca competencias en justicia. Ganará las elecciones (aquí mi esputo hacia las nubes) porque sabe que en época de crisis muchos votantes se vuelven conservadores y que, en el caso de que ya lo fueran, como pasa aquí con tanto jubilado y tan pocos jóvenes, se vuelven más conservadores aún. Si por algo no tiene solución esta tierra es porque encargamos luchar contra la despoblación y el envejecimiento a quien, en realidad, más se beneficia de ello.

En esta época de buenos deseos y espíritus solidarios, en la que algunos se compadecen de los mismos que el resto del año ignoran, nada puede dar menos pena que escuchar a Francisco Igea lamentarse porque ha sido traicionado. El coro de periodistas adivinos no puede evitar soltarle un merecido «se veía venir». Parece que era el único que se no había dado cuenta de que Mañueco le estaba utilizando como escudo durante la pandemia, consciente de que su inmensa boca podía parapetar las torpezas de todo un gobierno... o incluso de dos o tres gobiernos, visto lo que le gusta escucharse a sí mismo. Cada uno de sus pataleos en las redes sociales despierta carcajadas entre los que aún conservan la memoria y el sentido del humor, y que se divierten al ver tan ofendidito por haber sido traicionado a quien traicionó a todos los votantes anunciando un cambio de gobierno que nunca estuvo en su mano.

En el PSOE se echan las manos a la cabeza por la irresponsabilidad de Mañueco, al que acusan de olvidarse de las consecuencias de la pandemia en plena sexta ola, obedecer órdenes de Madrid y utilizar las instituciones para su beneficio. Cambiando lo de sexta ola por tercera, es exactamente lo que ellos hicieron cuando presentaron una moción de censura el pasado mes de marzo, su particular forma de escupir a cielo. Les ha entrado ahora un cierto brote leonesista, como suele ser habitual cuando ven acercarse las urnas, pero los socialistas leoneses siguen sin tener presencia en los puestos más relevantes pese a que siguen siendo los que más militantes aportan. Han nombrado a Eduardo Morán presidente del partido en Castilla y León, que es algo así como otorgarle el título de jarrón autonómico. Si de lo que se trata es de que parezca que cambia algo sin que nada cambie en realidad, resulta el mejor candidato posible. Para los socialistas leoneses las Cortes de Castilla y León siguen siendo un lugar de paso, un trampolín para los que empiezan, un retiro para los que terminan. Presentar a un candidato leonés sí terminaría con buena parte del leonesismo, y si fuera una leonesa quizá los socialistas sufrirían un ataque de coherencia que no podrían soportar.

A estas alturas, ni un solo votante sabe (ni probablemente haya sabido nunca) diferenciar los programas electorales de PP y PSOE. Sirva como ejemplo que los dos han elegido como lema para sus respectivos congresos autonómicos «Pasión por Castilla y León». Esos apasionamientos tan intermitentes, sumados al cabreo y el hartazgo (de la pandemia, del centralismo o de la vida en general), dejan a la Unión del Pueblo Leonés ante su mejor oportunidad. Sus responsables parece que no se han enterado aún, porque a una encuesta que les daba dos procuradores reaccionaron diciendo que «sería una grandísima noticia». Deben medir mucho sus pasos porque no aprovechar esta ocasión sería, por otra parte, una forma de sepultarse de nuevo, puede que definitivamente.

Con sus recetas sencillas y radicales para los problemas más complejos, Vox capta votos entre aquellos que se sienten olvidados por parte de las instituciones, y de eso, en los pueblos de esta comunidad autónoma, saben bastante. Si se cumplieran sus previsiones y se convirtieran en llave del gobierno de la Junta, toda esta parafernalia electoral sólo habría servido para cambiar a Ciudadanos por Vox, con lo cual daría un poco más de vergüenza salir por ahí y decir que eres castellano y leonés.

Vamos a tener que estar pendientes del cielo. Todo esto hace pensar que nos adentramos en una época en la que escupir hacia arriba se va a convertir en deporte nacional o, por lo menos, autonómico. Algunos tardarán más en caer, puede que hasta las elecciones municipales, ya para siempre desvinculadas de las autonómicas, con todo lo que eso supone: serán un poco más de pueblo, es decir, se votará aún más a la persona y menos al partido. Pero, hasta la fecha, todo lo que sube baja, salvo los políticos que cogen los votos y se evaporan. ‘No mires arriba’ es el título de la última película apocalíptica que se ha estrenado a bombo y platillo. Cuenta la historia de un astrónomo que descubre que un cometa va a chocar de forma inminente contra la Tierra y al que, a pesar de que hace todo lo posible por anunciarlo, nadie hace ni puto caso. También aquí podemos seguir pensando que es sólo lluvia.
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