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¡No me hables del pueblo!

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13/09/2017 A A
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¡No me hables del pueblo!
No soy de patrias: ni grande ni chica. No aprecio símbolos ni banderas. Para poco sirvieron más que para llevar hombres a las guerras –pocas suyas– y para envolver los cadáveres de los caídos en ellas. Mi íntima patria son las personas, presentes o ausentes, que por sangre, amor, amistad o sus mixturas, me hicieron y hacen, me habitan; los paisajes que aquí o allá, ayer u hoy, me conmueven; los libros y otras artes que me desbastan cada día y también, sí, las mascotas que me han dado su afecto al margen de mis genios. No obstante, hoy, escribo anticipado y, en parte, en día de patria: la de los muchos paisajes de la Asturias de origen que emotivamente me vinculan; la de la celebración de la onomástica de la mujer de quien, escrito está, contra todo pronóstico y tradición, me viene la fortaleza que pueda atesorar.

Elijo así este anticipado día, para escribir sobre el problema de Estado –no confundir con Gobierno– que ocupa ondas, papeles y pasiones mientras otras cuestiones más esenciales para la vida ciudadana se eclipsan: de la gresca creada por los soberanistas catalanes. Gresca no carente de la complicidad de izquierdas y derechas estatales. Que ambas, en vario tiempo y circunscripción, pactaron, a fin de saborear las mieles del poder, con el soberanismo, que ha sido muy inteligente. Se adueñó del uso de la lengua común que suele arrumbar y, así, acabamos hablando de un territorio, Cataluña, como sujeto de derechos; de un referéndum, falso democrático, que ni es ni será tal, pues infringe las Leyes que rigen en este Estado social y democrático de Derecho; de unos demócratas que, teniendo mayoría parlamentaria, que no votos ciudadanos, se arrogan la representación no sólo de toda su Comunidad Autónoma –constituida de acuerdo con la Constitución (Estatuto dixit)– sino de todo el «pueblo catalán» o, peor, de toda la ciudadanía española allí residente.

Así la cosa, este ciudadano del Estado español, se va a los versos del adorador de la vida, Artur Lundkvist: «El que con mayor grandiosidad habla del pueblo quiere utilizarlo para sus propios fines», «Para el que apela a la libre voluntad del pueblo, el pueblo es una oveja en el redil» «¡No me hables del pueblo! Solamente existe este y este y este hasta el infinito./ Tú y yo y ni tú ni yo». ¡Ay patriotas! ¡Ay esa supuesta izquierda cómplice de la derecha nacionalista! Ya los peores nacionalismos decían ser interclasistas. ¡Ay esa amnesia histórica! A lo peor, sobran patriotas y políticos. A lo mejor, falta Política.
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