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¡No me aprietes hermano!

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Dos sagas juntas, cuatro Villayandre de Castrillo y cuatro ‘Uco’ de La Vecilla Ampliar imagen Dos sagas juntas, cuatro Villayandre de Castrillo y cuatro ‘Uco’ de La Vecilla
Fulgencio Fernández | 01/06/2020 A A
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¡No me aprietes hermano!
Lucha leonesa Las singulares características de la lucha ha hecho coincidir a muchas sagas de hermanos en los corros a lo largo de la historia
«En la casa que entra el gusanillo de la lucha ya no se habla de otra cosa», decía la madre de los Escanciano para explicar que a la una de la mañana, después de la cena de la fiesta, siguieran discutiendo de ‘los luches’ —como dicen en Prioro— que se habían celebrado aquella tarde.

Esa especial característica de la lucha leonesa, ese alto componente familiar propicia que hayan existido a lo largo de toda la historia de este deporte numerosas sagas de luchadores, muchos hermanos que han coincidido en los corros e, incluso, que se han tenido que enfrentar, despertando muchas veces los recelos de «si lo traerían hablado». Había recelos entre los del mismo pueblo, como para no haberlos entre los de la misma casa.

De algunas de las sagas más conocidas ya hemos hablado en otros capítulos, como el de Los Molineros, donde se contó la historia del Molinero de Garrafe —Florencio Díaz— y sus siete hijos molineros y luchadores, también la de los famosos Molineros de Carbajosa, cinco hermanos por los corros; o los hermanos de Villaverde de Arcayos...

Cleto el de Lugán tuvo 7 hijos luchadores, el que ganaba seguía en la fiesta, el que perdía... a ordeñarPero quedan otras muchas sagas, muy recordadas pues algunos han sido historia viva de la lucha. Así, por ejemplo, fueron hermanos y luchadores tres de los apellidos más ilustres de este deporte: Ubaldo y Felipe León Viñuela, de Villaquilambre; Cayo y Pepín de Celis, de Villaobispo o ya más cerca en el tiempo Bernardo y su hermano José Antonio Álvarez, de Villarmún. Pero cómo olvidar, así a vuelapluma, a los cuatro hermanos Villayandre, de Castrillo del Porma: Alfredo, Néstor, Honorino y Adonís; o aquellos gemelos de Campohermoso de curiosos nombres: José Pedro y Pedro José Robles, a los que habría que sumar a Miguel Ángel; El Helicóptero de Villarrodrigo, Julio, y sus hermanos José Carlos, El Búfalo, y Vicente; Javier y Rubén Alonso de Ponga; los Cerezal de Corcos, Felipe, Jesús y Daniel, una saga que sigue ahora con el hijo de Daniel y con un sobrino, Josete; los Getino de La Mata, Fernando y Toño, a los que habría que añadir a Magdalena, que hizo historia siendo la primera mujer que participó en una competición oficial; Paco, David, José Antonio y Daniel González, de Barrillos; El Elegante y su hermano Gelo con el añadido de su sobrino Héctor, El Divino; Eloy y Gerardo, también de Campohermoso; los de La Red de la Vega de Almanza; Alberto y David Díez, los hijos de Acacio; los Prado Burón, también de Prioro... y un largo etcétera hasta los actuales Oblanca —Javi, Jesús y Víctor—, los Uco de La Vecilla —David, Iván, Alberto y Tomasuco— o las sagas mixtas, como los García de  Puente Almuhey —las gemelas y Chelín— o los Llamazares, Víctor y Marta.

Los Escanciano tienen el récord desde que existe la Liga, cinco hermanos lucharon en el mismo corro Estos hechos protagonizaron historias curiosas. Por ejemplo, una de las sagas más largas fue la de los siete hijos luchadores de Cleto el de Lugán, que tenía un curioso y eficaz método para lograr que fueran competitivos, los que ganaban se quedaban en la fiesta, los que perdían... a casa a ordeñar.

El récord de los nuevos tiempos, desde que existe la Liga, lo tienen los citados hermanos Escanciano, que llegaron a coincidir cinco en un mismo corro, el Prioro por supuesto, aunque los más habituales fueron tres: Agustín, Chencho y, sobre todo, Francisco José, El Che.

Siempre planeó sobre los combates entre hermanos la duda de si arreglaban los combates. Hay de todo. Los Cerezal, por ejemplo, luchaban «y el que más chifle...», decía Daniel pero Rubén Ponga, un tipo noble en los corros y honesto como pocos también era muy claro: «Mira, si luchamos, el 100% de las veces va a ganar Javi, para qué lo voy a cansar o para qué voy a hacer el paripé, yo prefiero que no me toque, pero si no pues salgo, una caída para cada lado y a casa».

También luchaban El Elegante y El Divino pero, ¿y si una Liga está en juego? pues los dos sonríen; mientras que a Morín cuando le dicen que «un hijo es un hijo» él asegura:«No nos tocó, pero si nos llega a tocar yo te aseguro que voy a por él, que se lo gane».

Otro sistema es el que usaba Ubaldo León, si estaba Felipe él no se inscribía en el corro, tan solo una vez lucharon juntos, en honor a su madre.

Y muchos añaden otro argumento: «La discusión está muy bien y todos entendemos lo de la deportividad y lo que quieras, pero ¿vas y le explicas tú a mi madre que le metí una zurra a mi hermano?, que no lo olvides, es su hijo».

Todo un mundo que ha propiciado un largo anecdotario.
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