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No es pájaro todo lo que reluce

No es pájaro todo lo que reluce

A LA CONTRA IR

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| 04/06/2019 A A
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No es pájaro todo lo que reluce
Cada mañana de sol claro un toque resuena por media casa. Una vez y otra. Nuevamente se repite, como si alguien llamara para entrar.

El misterio, por repetido, ya es conocido pero preguntas a los habitantes más jóvenes si alguien llama. Bajan a la puerta, miran, no encuentran nada... y en pocos minutos se repiten las llamadas, las preguntas, los enigmas.

Hasta que se deshace el misterio. El sol deslumbra, un pájaro se ve reflejado y, dicen los expertos, ignorante de cómo es su cuerpo pues no se mira al espejo, quiere entrar con el colega que ha visto en el interior de la casa, sin saber que es él mismo y sin ver el cristal que se interpone y que no ve. Ni la primera vez ni las siguientes.

No sé si las explicaciones son científicas. Ni siquiera si son ciertas. Pero dejadme que me acoja a ellas porque se convierten en la mejor excusa para no tener los cristales limpios como los chorros del oro pues lo único que estaría propiciando es un accidente de pájaro. Mucho mejor que algunas motas de suciedad le adviertan de que no es pájaro todo lo que reluce.

Lo mismo deben pensar los de la DGT o vaya usted a saber qué organismo pertinente, que colocan cerca de las autopistas cristaleras para evitar los accidentes de grandes aves o contra grandes aves, y las pintan con figuras para que también sepan que no es pájaro todo lo que reluce.
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