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Nieve de octubre siete lunas cubre; y si llueve, nueve

Nieve de octubre siete lunas cubre; y si llueve, nueve

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Muchos años la nevada de octubre llegaba envuelta en dudas pues eran \ Ampliar imagen Muchos años la nevada de octubre llegaba envuelta en dudas pues eran \"nieves en los picos y poco más\"; este año no hay ninguna duda, fue nevada.
Fulgencio Fernández | 29/10/2018 A A
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Nieve de octubre siete lunas cubre; y si llueve, nueve
Cultura La sabiduría popular le otorga mucha fiabilidad a este refrán (sobre todo en luna llena) que nos asegura nevadas hasta mayo de 2019
Casi todos los refranes tienen su ‘contrarefrán’; es decir, a lo que afirma uno siempre existe otro que dice justamente lo contrario. Queda claro con un ejemplo: «A quién madruga Dios le ayuda» argumentan los amigos de madrugar, pero siempre escuchan la misma respuesta de quienes prefieren aguantar bajo las mantas: «No por mucho madrugar amanece más temprano».

Hay pocos que se salvan de la réplica, y son aquellos que calan más hondo en la población al convertirlos en una especie de costumbre o tradición. Uno de ellos estaba ayer de moda en toda la montaña, puedo confirmar que lo escuché en numerosas conversaciones distintas, cuando los vecinos entraban al bar a la hora del vino: «Nieve de octubre... siete lunas cubre», al que muchos añadían una segunda parte para el agua: «Y si llueve, nueve».

Se le concede gran fiabilidad a las lunas de octubre y, en el caso de las nevadas, mucha más si coincide en luna llena, como es el caso de este año, ya que entró el pasado día 24 y en su fase seguimos cuando le nevada ha sido una realidad, por más que se cuestionara en estas fechas previas cuando el termómetro andaba por los 20 grados.

Y se recordaba en las conversaciones años anteriores en los que la nieve «de verdad» de octubre cumplió sus pronósticos. Se subraya lo «de verdad» pues muchos años hay polémica con si es nevada que aparezcan cubiertos los altos. «Si solo aparece en los altos no hay obligación de siete lunas», insisten.

No tiene además contrarefrán, como se demuestra en el hecho de que a la hora de cuestionarlo se acudiera a uno general que, curiosamente, suele repetir uno de los más veteranos conductores de las quitanieves de la Diputación, Jose, a quien Armando toma como autoridad al explicar que todo puede pasar: «Cuando la luna tiene pico de aguilucho... o llueve poco o llueve mucho. O no nieva nada y queda el tiempo como estaba».

Arsenio, el refranero y acertijero por antonomasia, remata con otro: «Cuatro cosas hay seguras: calor en verano, frío en invierno, agua en los pozos hondos y tocino en los gochos gordos».

Pero se va la conversación. No sólo no hay contrarefrán para la luna de octubre sino que hay apoyo científico que viene a ofrecer, nada más y nada menos, la Universidad de Barcelona, que lo incluye entre sus tipos parémicos o paremiotipos (sic) cuando recoge versiones por diferentes regiones. Parece que los paremiotipos son refranes similares en distintos lugares (geolocalización, dicen ellos). Y así recogen: «A luna de otubre, sete cubre (gallego); En octubre la llunà, | set atres cobrirà o L’octubre, set llunes cubre, i si plou, en cobreix nou (catalán); La lluna d’Otubre, siete llunes cubre (asturiano); nuestro La luna de octubre, siete lunas cubre o La luna de octubre, siete lunas cubre; y si llueve, nueve (castellano); Lluna d’octubre, | set ne descubre (catalán) o Octubre el vanitós, | cobrix set llunes enganyós (catalán); Si entra «troná» la luna de octubre, siete lunas cubre (castellano) o, finalmente, Si nieva’na luna d’Octubre, siete meses la cubre (asturiano).

Se le tiene mucha fe a este refrán. Julio Llamazares contaba en un artículo del año 1991 —titulado precisamente ‘Nieve de octubre’— la historia del pobre Melino, que vestía siempre un mono azul cuando recorría los pueblos pidiendo limosna y que, como casi todos los de su profesión, son un pozo de saberes. Decía el de Vegamían que este vagabundo le contaba, allá en su juventud, «que la nieve de octubre es mal augurio, no sólo porque anuncia inviernos duros, sino también, y sobre todo, porque en inviernos así es cuando estallan las guerras y se producen los crímenes más terribles. En opinión de Melino, porque, contra lo que suponemos, y pese a que tecnológicamente al menos hayamos avanzado mucho, en el fondo los hombres no hemos cambiado tanto desde que aparecimos caminando a cuatro patas en la Tierra y, al final, seguimos matándonos, cuando escasean, por las dos únicas cosas que de verdad nos mueven desde que estamos en el mundo. A saber: el combustible para el fuego y la comida».

Y parece que no le faltaba razón al vagabundo pues las guerras cercanas tuvieron si etapa más cruda en años de lunas de octubre. «No debía de andar descaminado el bueno de Melino, pues, entre otras cuestiones, él mismo moriría años más tarde, según me contaron luego, en medio de una nevada una mañana de octubre»; y añadía otra opinión autorizada, la de Bernardo, otro vagabundo amigo suyo, este de Madrid, que mantenía una opinión muy similar: «Me pronosticó en noviembre algo que en aquel momento era aún muy dudoso todavía: que la guerra del Golfo estallaría sin duda porque todos los grandes conflictos, al menos los de este siglo, se han dilucidado siempre en inviernos lastrados por la nieve de octubre».

La verdad, no quiero meter miedo con esta nevada en luna de octubre porque, además, no olvide nunca que «año de nieves, año de bienes».
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