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Nieva en las redes

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10/02/2018 A A
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Nieva en las redes
Cuando mi hermana y yo éramos pequeñas y, al subir la persiana, veíamos que había nevado durante la noche, mi madre llamaba a Martínez, el conserje del colegio de Santa Lucía de Gordón, para preguntarle si había clase.

Si teníamos suerte, no la había; aunque los autobuses que llevaban a los chavales al colegio -las fuscas- sí que hubieran transportado a primera hora a los mineros al tajo. Si no teníamos suerte, había que ponerse las botas de espuma e ir andando al colegio. Y, al final de la blanca caminata, rezar para no caer rodando por la cuesta helada que había que subir para llegar al edificio.

La nieve cada vez da menos alegrías a menos niños. Porque no hay ya muchos niños en los pueblos donde la nieve hace que no haya colegio. Aún quedan, por supuesto, y son tan buscados por los desorientados reporteros nacionales como el urogallo en los bosques.

Un ejemplo son mis primos Román y Martín, que han pasado una semana estupenda en Coladilla, haciendo iglús y sin afilar los lápices. Sobre todo el primero, que hizo que nevara para poder celebrar su cumpleaños. No penséis que esto de la meteorología no pudo ser una magia negra de mis primos -y otros secuaces con dientes de leche-, porque estos renacuajos son capaces de cualquier hechicería con tal de no tener clase, aunque después Roberto Brasero tenga que justificarla con la ciencia de isobaras, borrascas y demás.

Para los que ya no vivimos en los pueblos, sólo nieva en las redes sociales. Y de qué manera, oye, que del móvil te cuelgan hasta ‘chupiteles’. Con un click, seguimos a los panaderos que entregan la hogaza a la última señora del último pueblo, abriendo camino en la fría espuma; o nos saltan corzos frente al coche que buscan algo que comer bajo la nieve; y ayudamos a rescatar unos caballos que se han quedado atrapados, o unas vacas, o un simpático burro. Pasamos bajo túneles con colmillos de hielo y ayudamos a ‘espalar’ la puerta de casa, como hacíamos antes.

Hasta la experiencia de la nieve se ha convertido en algo digital, si no que se lo digan a los de Frozen. Por eso, por si acaso se me olvida, hoy me tiro al monte.
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