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Negra noche

Negra noche

OPINIóN IR

24/11/2019 A A
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Negra noche
La negrilla fue minera este año. En la estantería donde estaban catarís, mecenas indianos, comercios o casas de puertas abiertas a los pobres se colocan este año los mineros, los de la Brigada de Salvamento, que son mineros y, lo que es peor, son recuerdos e historias pasadas.

La noche más dura que he vivido en este oficio de contar es minera. Y de brigadistas. De una noche de perros, de aguanieve y destemplanza, cuando llaman al teléfono, del periódico: «¿Te puedes acercar hasta Arbas, algo ha pasado en la mina». Voy en medio de una noche cerrada y terrible. Todo es negro y aún no he llegado al carbón.

Accedo a una explanada por la que cruzan mineros que poco dicen: «Hay dos enterrados, hubo un derrabe». La palabra enterrados ya parece cruel y premonitoria, acaba de entrar la Brigada de Salvamento de La Vasco y uno cree en milagros, ha escuchado tantas cosas de ellos, pero los mineros no muestran ningún entusiasmo. Algo saben.

Entro para unas oficinas o algo parecido. En una sala cerrada con estufa hay un hombre engominado y con cara de fastidio, tener que estar allí. Es el director general de la empresa o algo así. Le dicen cosas y mira con desdén.

En el pasillo, frente a la corriente de la puerta que le golpea sin que ella se entere, una mujer que ya se ha vestido de negro. La cabeza agachada. Es mi vecina de la casa de enfrente. Su mirada me congela. «Dejé los niños en tu casa, con tu madre». No le contesto. Sí le contesto pero no me sale ni una palabra. Nadie le manda entrar a la sala con estufa y gerifalte engominado. Nadie pregunta por ella. Nadie le dice ni una palabra, sólo un guardia se le acerca y le comenta que tienen café, que si quiere uno. No lo quiere. Las piernas le tiemblan y no es de frío.

Empieza a amanecer. Del pozo sale mucha gente, con la cabeza agachada, sin decir nada.

Ante el movimiento ella, que ya viste de negro, sale a la explanada y ve cómo un coche fúnebre trae dos ataúdes, uno es el de David. El engominado se va por otra puerta. Alguien me dice, «cuando le dijeron que estaban muertos dio por finalizada la espera». La mujer, no. Acaba de comprender que es viuda.
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