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Navidades villafranquinas

Navidades villafranquinas

EL BIERZO IR

Estampa de Villafranca del Bierzo (realizada por Cela). Ampliar imagen Estampa de Villafranca del Bierzo (realizada por Cela).
Ramón Cela | 13/01/2019 A A
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Navidades villafranquinas
Rincones Olvidados Villafranca tira de tradiciones en Navidades y espera los milagros de los Reyes Magos, como sucede en cualquier otro sitio
Cierto es que dependiendo de la edad, las cosas se llegan a ver de una u otra manera. Los niños, son quizás aquellos que reciben más atención de la familia, como aquellos que la vida les llevó, lejos del hogar y ahora en estas fechas, son recordados todavía con mucha más nostalgia.

La familia, que en ocasiones tiene alguna pequeña desavenencia, las olvida aparcándolas con mucha razón en el baúl de los objetos fuera de uso, mientras con muy buen criterio va sacando y desempolvando aquellas cosas que siempre permanecen inalterables, como si de unas piezas de plata se tratara, porque queramos o no, la sangre tira mucho y la familia son las venas por las cuales esta va transcurriendo y no es más que la esencia de la vida.

Villafranca no es más ni menos que otras poblaciones, de España, del mundo, donde los niños esperan las lucecitas de la Navidad, el sonido de los villancicos, que siempre nos parece monótono a los mayores, pero que sabemos que llena de alegría a nuestros niños, razón por la cual, pese al frío, nuestras caras reflejan fácilmente una o miles de sonrisas, que quizás estaban acumuladas durante los otros meses del año.

Los villafranquinos, sabemos esperar el regreso de las Navidades cada año y los mayores, pienso que muchos, echarán mano de la nostalgia y recordarán tiempos mejores, donde la población triplicaba a la actual y que en estas fechas, gozábamos admirando los escaparates de las cuatro confiterías con que contaba nuestra villa y donde como si de un concurso se tratara, los artesanos confiteros exponían en sus escaparates los más maravillosos, originales y bonitos roscones inimaginables en estos tiempos. Dragones, serpientes, payasos, edificios…y mil cosas más que estos inventaban para atraer la atención de los posibles compradores. Aquel que tenía la suerte de recibir en su trozo la sorpresa, la disfrutaba toda la noche, mientras que poco a poco iba a parar a manos de los más pequeños de la familia, que en principio, quería el trozo más grande por las posibilidades que esto acarreaba, aunque ya no fuera capaz de acabar el trozo que previamente había solicitado. Como en la canción creo que de Mercedes Sosa «Cambia…todo cambia» y los tiempos lo empujan a cambiar, haciendo que aquellos artesanos confiteros, se vayan convirtiendo en ancianos jubilados, sin que casi ninguno de sus descendientes sepan lo que es un obrador o una yema tostada.

Hoy ya solo queda un artista-maestro confitero en Villafranca, tiene bastantes años, pero yo se que, en ocasiones, se pasa por el obrador su nieto, para recoger migajas con que alimentar a los gorriones de la Plaza Mayor y que cuando no puede acercase hasta ella, estos mismos, van a buscarle a las proximidades de su casa y a piar desesperadamente, hasta que Benito Carballo Cela, que así se llama el maestro de maestros, sale al balcón y lanza al aire varios puñados de estas migajas, entre el trinar ya no solo de los pardales, sino también de los otros muchos pájaros que allí se congregan. No dudo que a muchos esto les resulte una pequeña historia banal y sin el más leve interés, pero debemos de pensar que los pájaros, como seres vivos, también tienen su inteligencia y amor hacía quienes les tratan con cariño y respeto y, como en el Milagro de la Fiesta de la Poesía, cuando de repente enmudecieron todos los jilgueros y ruiseñores de La Alameda villafranquina ante las palabras del inolvidable poeta Ramón González-Alegre, los gorriones villafranquinos y demás pájaros que se han añadido, revientan a trinar cuando Tito sale al balcón y esboza su amplia sonrisa.

Así... poco a poco, o demasiado rápido para los niños, pasan las Navidades cada año, sin que eso quiera decir que pasan las ilusiones de los niños, pese a que ahora está de moda dar la mayor parte de los juguetes a los niños, para que los disfruten en estos días, dejando para los Reyes otros que, en tiempos lejanos, hubieran sido la locura de todo el barrio, ya no solo por la cantidad, sino por la calidad y precio de los que ahora se regalan. Pero hay una noche que se llama la de ‘La Alpabarda’ tradición que en Villafranca se conserva desde hace varios siglos y que sin duda les dirá algo de lo mucho y bien que se cuidan las tradiciones en nuestra villa. Se dice que ya desde que Villafranca del Bierzo, fue la Capital provincial del Bierzo y Valdeorras ( 1822, cuando el Reino de León era Salamanca, Zamora, Villafranca y León ) se venía festejando La Alpabarda, que consistía en que grupos de jóvenes, se reunían la noche del cinco de enero y saqueaban los troxos ( troncos de berzas que pueden medir dos o tres metros de altura ) de las más grandes de las mejores huertas y con largas escaleras, las ponían en los balcones o fachadas de las casas donde habitaran solteronas o solterones como regalo de los Reyes Magos… Como no había frigoríficos, las gentes sacaban a los balcones, la leche o los caldos y si llevaban carnes mejor, porque a la mañana siguiente, las ollas y cazuelas, aparecían vacías, pero era La Alpabarda y aparentemente, nadie guardaba rencor. Previamente, había salido la Cabalgata de los Reyes Magos, donde la juventud se une y son felices haciendo que los niños, propios o ajenos, sean felices. Aquí, todos son iguales, aquí todos son amigos entrañables y aquí y en esta función, no influyen ni el Madrid, ni el Barça ( para buenos entendedores) sino la felicidad y el amor a los niños.
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