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Naturalizar

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12/10/2018 A A
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Naturalizar
Un mural dedicado a la lactancia materna cubre desde hace unos días un muro de uno de los edificios del parque del Temple de Ponferrada. En él se muestra una imagen tierna de un bebé con su mamá a los que se intuye en esa práctica natural, sana y recomendada por la Organización Mundial de la Salud por los innumerables beneficios científicamente contrastados. El mural forma parte de esa intención de las instituciones de naturalizar la lactancia materna. Aunque resulte raro que haya que seguir haciendo cosas por naturalizar algo tan natural, la intención parece buena y el dibujo es bonito.

En las distintas noticas dedicadas a esta iniciativa y a esa semana internacional de la lactancia que se conmemoró a principios de octubre, leí varias explicaciones sobre el mural en las que los promotores o artífices justificaban que se habían valorado varias ideas para el dibujo, para «que no fuese muy evidente» y «no hiriese las sensibilidades de la gente». Creo que en realidad pretendían decir que no querían que en el dibujo se viese una teta. No se si es que el tema se pretende naturalizar, pero bueno, no mucho.

Así que, sin poner en cuestión el absoluto el arte y la calidad del mural, no deja de resultarme extraño que se pretenda naturalizar lo más natural del mundo evitando que se vea el seno de una madre alimentando a su bebé. No vaya a herir un seno la sensibilidad de alguien.

Si una madre sigue las recomendaciones de la OMS y de buena parte de los profesionales de la salud sobre la lactancia, estaría alimentando a su bebé sólo con su propia leche durante al menos seis meses y continuaría dando el pecho a su bebé hasta los dos años o más. En todo este tiempo podrían haber lactado… mil, dos mil, tres mil veces? De todas ellas quizá alguna pueda ser en un parque, en una terraza de un bar, en un restaurante, en un banco en la calle, en una sala de espera… Cualquiera que entienda de lo que hablo sabrá que no es posible pactar las tomas de leche materna con un bebé. Los bebés no entienden de pactos de leche. Le pasa a más gente. Y en alguna de esas tomas en parques, en terrazas o en salas de espera oye, quizá alguien, en algún momento, alguna vez, pueda ver un poco una teta alimentando a un bebé. Si hay a quien se le hiere la sensibilidad con esto, o piensa que la mujer está ahí para exhibir su pecho y ofender a alguien, pues igual debería hacérselo mirar.

En esta época de sensibilidades o necesidad de sentirse ofendido, imagino que también habrá a quien le hiera que aún hoy en día, una madre que amamanta a su hijo siga percibiendo que debe esconderse o taparse para no herir sensibilidades. Como si no tuviera otra cosa más natural de la que preocuparse.
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