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Mujeres obreras, trabajadoras siempre lo fueron

Mujeres obreras, trabajadoras siempre lo fueron

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Una mujer trabajando en las eras de Villacorta... y cuidando a la niña. Ampliar imagen Una mujer trabajando en las eras de Villacorta... y cuidando a la niña.
Toño Morala | 05/03/2018 A A
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Mujeres obreras, trabajadoras siempre lo fueron
Reportaje Hablar de mujeres trabajadoras en esta tierra es hacerlo de la gran mayoría de ellas, que siempre lo fueron, y trabajaron de lo lindo... otra cosa es que cobraran sueldos de miseria, que no les reconocieran derechos, que lucharan contra muros
"A vosotros, obreros que sois las víctimas de la desigualdad de hecho y de la injusticia, a vosotros os toca establecer al fin sobre la tierra el reino de la justicia y de la igualdad absoluta entre la mujer y el hombre. Dad un gran ejemplo al mundo (...) y mientras reclamáis la justicia para vosotros, demostrad que sois justos, equitativos; proclamad, vosotros, los hombres fuertes, los hombres de brazos desnudos, que reconocéis a la mujer como vuestra igual, y que, a este título, le reconocéis un derecho igual a los beneficios de la unión universal de los obreros y obreras". Flora Tristán en 1843. Tela tiene la cosa. Pues nada, aún seguimos muchos hombres y mujeres pidiendo la igualdad de derechos. Pero años antes, la cosa aún era peor. Recuerdo de casi niño, aquellos madrugones que nos pegábamos para ir a trabajar, y nos encontrábamos con las mujeres que repartían periódicos con aquellos carros parecidos a los de compra, aquellas mujeres que ya terminaban de limpiar oficinas, bancos y cajas de ahorro, para que cuando llegaran los trabajadores estuviera todo limpio como el jaspe. Recuerdo aquellas mujeres que tiraban de carro de mano en los mercados con carnes, pescados… recuerdo a las tenderas sacando el material a la puerta de la tienda… pero lo que más recuerdo eran aquellas mujeres que esperaban al autobús para ir a las fábricas de las afueras y que llevaban una pequeña cesta o bolsa con el almuerzo, pues las jornadas eran largas, demasiado largas, y los sueldos… luego escribimos sobre los sueldos en aquellos años de posguerra y más para acá. Luego, además, tenían que llegar a casa y hacer las labores, labores que pocos hombres ayudaban, pues la cultura machista casi lo prohibía; menudo panorama. Además de la casa y los chavales, muchas tenían a padres o suegros a su cargo; en una palabra… no paraban en todo el día… y además muchas eran maltratadas por sus parejas de diferentes maneras. Y no olvidemos que hasta muy llegados los años por finales de los sesenta, la mujer tenía que pedir permiso al marido para trabajar, y llevar su firma para la empresa en cuestión, y en el banco, y un montón de cosas más… vergüenza de país en aquellos maltrechos años… y no hace tanto. Algunos pensarán que hablo casi de la Edad Media. Y si había alguna separación de por medio, la mujer tiraba por todo de una manera solitaria casi hasta que los chavales tenían edad para trabajar, o sea, a partir de los catorce años. De los estudios de estos ni hablamos, como no hubiera posibles en las familias, era casi imposible estudiar.

En la esfera laboral, la jornada de trabajo normal era, en los primeros años del siglo XX, de 10 horas diarias en fábricas, talleres y actividades de construcción, aunque oscilaba según las estaciones ya que se ajustaba a la luz natural hasta que a partir de 1910 se generalizó el uso de la electricidad en las empresas. En ambos casos se trabajaba durante 285 días al año pues el descanso laboral se reducía a los domingos y festivos, reducidos a quince jornadas. Las condiciones en las que se desenvolvía la actividad laboral eran pésimas, por la absoluta ausencia de prevención y la más que evidente falta de higiene y ventilación de los locales, especialmente en sectores como la metalurgia o la fábrica de tabacos y otras, factores que hacían aún más penoso el desempeño de las tareas fabriles, durante tantas horas y tantos días. Los salarios se percibían en relación directa con el horario laboral; es decir, si no se asistía al trabajo por enfermedad, huelga, o cualquier otra razón, no se recibía el jornal correspondiente. Se cobraba normalmente con periodicidad semanal, pero, en ocasiones, las empresas, en represalia por algún conflicto laboral, dilataban el pago de salarios hasta hacerlo quincenal, lo que podía trastornar bastante las economías familiares. Los jornales que se pagaban a principios de siglo oscilaban entre las 1,50 ptas. diarias, que recibía un peón, a las 3 ptas. que cobraban canteros, carpinteros, albañiles o zapateros, o las 4 ptas. de un calderero o de un herrero. Bien es verdad que había jornales más altos, a los que sólo llegaban obreros muy especializados, pero también los había más reducidos, pues las mujeres solían cobrar un 50% menos, si bien se dedicaban a oficios considerados, en teoría que no en la práctica, menos agotadores.

Pero la historia nos ha demostrado que en los períodos revolucionarios, las mujeres han estado siempre en primera línea, y han jugado un papel muy decisivo en la lucha. Durante los cuarenta años del franquismo, España fue un ejemplo del más puro estilo de patriarcado. Durante la Segunda República se había dado el voto a las mujeres, se les había concedido derechos y comenzaron a incorporarse al mundo laboral. Durante la guerra, las mujeres participaron de forma muy activa en los dos bandos, pero finalizada ésta, se las hizo volver al rol tradicional en el hogar, reivindicado como propio de las mujeres por el Frente Nacional. Se suprimió inmediatamente toda la legislación de la República que concedía derechos a las mujeres. El Estado decidió que se debía liberar a las trabajadoras del taller y la fábrica, y a las profesionales de clase media se les cerraron todos los puestos de trabajo. Se suprimió la educación mixta en las escuelas y se diseñó una formación especial para convertir a las mujeres en buenas esposas y madres. La familia conservadora tradicional se convertía en el fundamento de la nación. El sistema político liberal introdujo las libertades individuales y la igualdad ante la ley, pero excluyó a las mujeres de sus teorías igualitarias. La industrialización, por su parte, favoreció la incorporación de las mujeres a las fábricas, pero en condiciones de gran explotación: las mujeres obreras estuvieron aún peor pagadas que los hombres y tenían que asumir la doble jornada que suponía el trabajo en la fábrica y en el hogar. Las campesinas por su baja formación, su dedicación íntegra al trabajo, la carencia de tiempo libre y su aislamiento, fueron las últimas y más reacias a incorporarse a los movimientos emancipadores femeninos. Durante el duro franquismo, la mayor parte de la normativa laboral contenía la condición de que las mujeres abandonasen el trabajo al casarse. Se prohibió que las mujeres ejercieran una serie de profesiones, como abogada del Estado, notaria o diplomática. Con fines morales se prohibió también la educación mixta. El ideal femenino era el del sacrificio, de la obediencia y el de la subordinación.

Recuerdo aquellas mujeres que esperaban el autobús de la fábrica con la cesta del almuerzo Era natural que el feminismo se convirtiera en algo satánico antifemenino y antinatural. La radio se convertirá en los años cuarenta, en uno de los instrumentos de más poder sobre las mujeres y de mayor alcance por los propios mensajes transmitidos. La radio puede escucharse en el ámbito privado, al mismo tiempo que se realizan los trabajos domésticos, y en el público, mientras se trabaja en almacenes, fábricas... e incluso podía llegar a fomentar la audición conjunta. En esta época las mujeres trabajarán al sonido de las melodías populares y los programas de mayor «éxito». Cuando a finales de los años cincuenta, comenzó un proceso de apertura de España hacia el exterior y una política de industrialización «modernizadora» del país, también se introdujeron algunas modificaciones en una legislación a todas luces arcaica.

Así es como en 1958 y en 1961, por ejemplo, se publican sendas leyes que, en el plano de la vida civil y laboral, introducen algunas reformas tímidas, asentadas en una premisa que, entonces, era absolutamente novedosa: la no discriminación por razones de sexo respecto a la capacidad jurídica de las mujeres, es decir, respecto a sus derechos y obligaciones. Pero se aclaraba que este principio de no discriminación hacía referencia a las mujeres ¡solteras! La Ley del 22 de julio de 1961 prohibió toda forma de discriminación laboral en función del sexo y expresamente la salarial. En torno a 1961 las reglamentaciones de trabajo y ordenanzas laborales dejaron de contener cláusulas de despido por matrimonio. En 1966 se permitió a las mujeres ejercer como magistrados, jueces y fiscales de la Administración de Justicia. La autorización marital para firmar un contrato laboral y ejercer el comercio fue abolida en la reforma de los Códigos Civil y de Comercio de 1975. Hace un par de días como quien dice… Cuánto os debemos... no hay versos suficientes en el Universo, para tanta belleza y dignidad; mujeres obreras, que trabajadoras, siempre lo fuisteis…
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