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Morrongos en ‘carzoncillos’

Morrongos en ‘carzoncillos’

OPINIóN IR

10/02/2019 A A
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Morrongos en ‘carzoncillos’
Corría un año de gracia del siglo pasado, cuando todavía los perros se ataban con longaniza y los veraneantes no tenían varices cuando paseaban en pantalón corto, y a resultas del turbión de que había perras hasta para los perros en el pueblo nos dio por venirnos arriba y nos hicimos un escudo. «Si lo tiene la Duquesa de Alba, que puede coyuntar porque yo le estañé el sacrococigeo con cemento-cola, no lo vamos a tener nosotros que somos fijosdalgo de armas tomar por mucho que en Madrid crean que somos unos morrongos con calzoncillos marianos (en lleunés carzoncillos)».

Y nos metimos en harina de hacerlo y cuando nos ponemos no se nos pone nada por delante. Un escudo que tiene de todo, diestra y siniestra, cimera, burelete, lambrequines, tenantes y la madre que los parió. Y un árbol porque otra cosa no tendremos pero chopos para mandar parar un tren, un carnero y mucho verde que llamamos sinople porque lo dijo uno que tiene un primo que vivió donde Amancio Ortega (en lleunés, en Busdongo).

Total , que metidos en harina de nobleza lo cursamos a un economato de Valladolid que llaman la Real Chancillería (eso sí es darse a valer) y nos contestaron por correo certificado que a inaugurar.

E inauguramos. Vinieron obispos obispines, autoridades y potestades y hasta uno que An Gelillo le decía Petimetre pero en los carteles —en cuatricomía, menudo era el acto— decía que era de los encabezaos del Senado, no el primero pero casi.

Salió al balcón, el pueblo abajo, el escudo a la diestra, a la siniestra Bodón, y nos habló con emoción: «¡Cómo me alegra vuestro escudo y vuestra adhesión a una Patria que es madre y que sus señorías —yo mismo— representamos, porque os digo una cosa España se rompe».

- Bueno hombre, no se altere; le quisimos tranquilizar mientras íbamos a por el Sintrom.

- España se rompe; insistió y El Morrosko no llegaba con el Sintrom.

- No me aparto que igual se rompe, pero le digo una cosa, no parte por aquí; le dijo Serafín el de Lavandera, que le parecía que se estaba retrasando sin razón la hora de ir a los pinchos.

- ¿Qué es parte?; preguntó Petimetre.
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