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Molinos que son cepos para el viento

Molinos que son cepos para el viento

TRIBUNA DE OPINIóN IR

Jesús Díez Fernández | 07/10/2020 A A
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Molinos que son cepos para el viento
Otra vuelta de tuerca oprimiendo, exprimiendo a las zonas de León ya más que vaciadas. Otro soplo al oído de algunos ignorantes mandamases, a los que dicen: Te doy cuatro pesetas si me dejas pasar la carrilera por tus tierras…Unas migajas de pan para hoy y más hambre para mañana. Es cansino tener que volver a recordar las diferentes etapas de la despoblación, del abandono y sus causas, a lo largo de los últimos cuarenta años en los pueblos de la Montaña Central leonesa. Cómo dejar que el monstruo cabalgue de nuevo impunemente hablando de beneficios, que ocultan para qué bolsillos irán destinados. El viento hace la historia, trabaja, lucha, inventa, canta, organiza, selecciona hazañas. El viento fuerte cuando estamos dormidos nos despierta, escuchamos al viento y su mensaje al ulular. No vamos a dejar que lo capturen en esos molinos, trampas, cepos, transformando su canción vendaval, su voluntad bonancible de seguir siendo verso en las ramas de los árboles del Curueño, en los montes de roble, en el Pico Bodón, en la Peña de Valdorria, en el hayedo del Cueto Ancino, en Cármenes, Matallana de Torío, Pola de Gordón, Valdelugueros, Villamanín, Carrocera, Valdepiélago, La Robla.

¿Cómo dejar que se instale de nuevo el vaciado, haciendo el hondón de la agonía más profundo en un territorio que ha sido declarado Reserva de la Biosfera? Nuestro abrazo a disposición del viento, de su canción rota, de sus versos rebeldes que luchan como Don Quijote contra las aspas de esos nuevos molinos depredadores e insaciables, desmembrando la armonía de la naturaleza y las gentes que en ella habitan. El viento fuerte me despertó desde niño, meció mi cuna de adobes y piedras, soplaba en el desván, en la escuela, en el recreo, en las espigas de los cereales y en las amapolas, levantaba las tejas en invierno, amontonaba la nieve haciendo trincheras en los raíles ante el paso del tren Hullero, avivaba el fuego en las hornillas trasladándonos soplo a soplo a nuestro sitio...Todo lo que he escrito me lo ha dictado el viento, él creó en mi la realidad y el conocimiento, la poesía fue la aldaba que el viento utilizó para llamarme...En esta última frase hay algunas palabras en que explico el contenido de mi último libro, titulado precisamente: Ser otoño del viento. Otra vuelta de tuerca nos acecha en este teatro de sombras, son invisibles las manos de los que manejan los hilos de las marionetas. Vamos a abrir bien los ojos, que vuelven los mercaderes con ofertas de cascabel y de pandereta, con negocios turbios en un ferial de tinieblas.
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