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Mira cómo vengo yo

Mira cómo vengo yo

OPINIóN IR

04/12/2021 A A
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Mira cómo vengo yo
Un cielo jaspeado con aires victoriosos enciende el día. Hoy nos regalan una nueva alborada, distinta, envuelta en una aire gélido que barrena los huesos, como queriendo taladrar hasta el tuétano, por mucho que intentemos empiquetarnos tras gruesas capas de abrigo para que no nos desplome el desolador frío invernal que ha devorado al otoño.

La mañana comienza anegada en recuerdos que se solapan a la par que el cuentakilómetros acumula distancias. Hoy es 4 de diciembre. Al compás de las primeras notas de esa canción, las vivencias se acumulan como partículas de polvo silíceo insolentes. Mejor airearlas para que no nos devoren por dentro, si las dejamos dormitar acabarán fraguando y necrosándonos el alma, mejor que emerjan, aunque sea como lágrimas. Las aguas estancadas son la peor silicosis para el alma.

A lo lejos, terminado de huir del pozo de hades, el sol termina de diseñar la madrugada. «En el pooozo María Luisa»… «Mira cómo vengo yo».

Los pozos son lugares ateridos de frío y desolación cuyas fauces hambrientas lo mismo devoran mineros que niños.

Aquel pequeño Julen que se la encontró jugando en Totalán, un trece de enero de 2019. Desapareció mientras triscaba despreocupado con sus padres cerca colándose por un negligente descosido de la tierra. Mira cómo vengo yo. ¡Santa Bárbara bendita! ¿Por qué no ayudaste a la Brigada de Salvamento Minero que acudió a su rescate? Aquellos ocho mineros, que después de trece fatídicos días de infructuosas excavaciones se encontraron su cuerpo frágil entregado a la tierra. Los Ángeles del carbón, no pudieron recuperar al ángel caído, por mucho que porfiaron porque un minero nunca se queda en la mina y Julen era uno más. Encontraron primero la bolsa de chucherías y el vasito de plástico y luego a él, más tarde, mientras sus padres esperaban fuera viviendo la lenta agonía.

Cómo salir a decírselo. Mira cómo vengo yo, no tengo nada bueno que decirte. Solo traigo lágrimas negras.

La montaña se cobró el tributo, quizá venganza por lo que la violan, profanan y barrenan. Fagocita a los hijos más queridos. A los ‘hijos del carbón’ que retrató Noemí Sabugal y que protagonizan los ‘relatos mineros’ de Juan Carlos Lorenzana. Esas estampas mineras sepia que colorearon de vida nuestros valles mineros y que han ido protagonizando el ‘The end’ que reflejó Cecilia Orueta en su hermoso y notarial álbum fotográfico. Donde hay tantos y tantos rostros que parecen querernos decir a su regreso de la mina ‘mira cómo vengo yo’.

Ya lo decía la querida Almudena Grandes «los españoles vivimos sobre una mina de oro de historias».

Les cuento la última. Los padres de Julen acaban de tener una niña. Se llama Victoria. Seguro que a él le gustará.
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