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Mineras

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OPINIóN IR

10/04/2015 A A
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Mineras
Hace algunos años me contaron en una concurrida bodega berciana la leyenda de las «señoritas mineras». Esta extraña historia indica que en lo más profundo y oscuro de algunos pozos mineros trabajaban unas señoritas picando carbón. Cuando miré con ojos incrédulos al minero que me lo contó, con toda la retranca berciana me contesto: «Tú no crees en las ‘señoritas mineras’ pero como las meigas, haberlas haylas». Como yo seguía sin entender nada me dijo: «¡Hombre! ¡Qué existen intrusas en el régimen de cotización a la seguridad social para jubilarse como mineros». Me resultó difícil creerme esta historia, aunque otro minero que también estaba en la mencionada bodega «me juró haber visto en los listados de su empresa ‘señoritas mineras’».

Cuando más tarde visité las cuencas mineras del Bierzo, me encontré múltiples testimonios de abuelas humildes que sí habían sido ‘carboneras’. Mujeres que trabajaron en la mina lavando y cargando carbón e incluso en algunos casos picando en el interior. Montserrat Garnacho en su estudio ‘Mujeres Mineras’ recoge el testimonio de heroínas como Olvido que estuvo picando ocho años en las minas de Fabero, entre 1962 y 1970 porque cuando su marido enfermó fue a pedirle al dueño de la mina que la dejara trabajar por él y el otro le contestó que «si me sacas lo mismo, a mí que me importa quién lo pique» (aunque, claro, con los papeles a nombre del marido, porque ella no podía figurar). Olvido «rompió aguas» un día a las doce de la mañana, picando, y a las tres de la tarde ya había parido su sexto hijo. ¡Por poco lo pare entre el carbón!

Sí, las mujeres mineras además de trabajar el carbón tuvieron que parir mineros, cuidar la casa y el campo y, muchas veces, llorar desconsoladamente las vidas que la mina se tragaba. Las mujeres mineras fueron el motor y el soporte oculto y desconocido de las cuencas mineras. Ellas lucharon desde la superficie tanto como ellos en la arriesgada profundidad de la mina. Fueron unas verdaderas ‘señoras mineras’, parece que nunca llega la hora de reconocerlo.

Cuando recientemente en la prensa nacional apareció la noticia sobre varios presuntos «señoritos y señoritas mineras» que cotizaban fraudulentamente como mineros para beneficiarse de sus condiciones de jubilación, me acordé de aquella leyenda de la bodega berciana. Si esto fuera verdad sería el más profundo insulto, el más imperdonable agravio para todas aquellas mineras que soportaron sin ningún reconocimiento económico ni moral la minería del carbón. ¡Ojalá que alguna vez se hiciera justicia!
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