Publicidad
Mi nombre en un cargadero

Mi nombre en un cargadero

OPINIóN IR

03/05/2021 A A
Imprimir
Mi nombre en un cargadero
Vuelven la ensaladilla rusa y el filete empanado. Realmente puede ser que no se hubieran ido nunca, que de un tiempo a esta parte no fuera su practicidad y su aire festivo lo que se hubiera perdido, sino que un cierto complejo frente a los menús originales los hubiera relegado a la última opción del fin de semana. Sin embargo, vaticino miriadas de dedos pillados en esa guillotina que esconden las patas de las mesas plegables. Se percibe hasta en los escaparates de la capital, donde los noventan han pegado cruelmente durante el invierno y confío en que tengan el mismo predicamento el sombrero de paja y la cangrejera para la temporada estival. Ya les he visto alguna toalla de Fanta en el tendal de la huerta, aunque de momento solo se saquen para secar lo mayor. Verán, verán, la explosión de re reinauguraciones de fuentes, pendonetas, cargaderos de ganado, pontonas, redes nuevas en el polideportivo, exposiciones fotográficas y etnografías varias, fruto del esfuerzo de refugiados del coronavirus que llevan meses trillando los caminos de concentración, arañándose en las zarzas, entrevistando a los nativos y echando kilotones de ilusión en investigaciones arqueológicas para las que hacer del hoyo donde perdían tardes de domingo un nuevo santuario del beatus ille. A poco que entre al trapo un manitas, se haga una colecta con escabeche y una hacendera bien dirigida, se pueblan de flechas tirolesas los cruces y las cuestas. Los más afortunados tendrán una nueva ruta del Camino de Santiago por toda la calle Real. Yo me sumo al entusiamo y trato de contribuir dándole épica y leyenda a cualquier descubrimiento. Sobre todo leyenda. Creo que es importante recuperar esos espacios pérdidos y ponerlos en valor para que pueden volver a pasar décadas en el olvido y que otra futura generación de arqueólogos sin título disfrute con un nuevo redescubrimiento. Con un poco de suerte, alguna de las leyendas que suelte por ahí perdura y en 40 años tengo el reconocimiento que siempre he deseado: el ‘Cargadero D.L. Mirantes’.
Volver arriba
Newsletter