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Mercerías, el comercio de los apaños

Mercerías, el comercio de los apaños

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Una mercería con mucho encanto… y como tantas del gremio, muy antigua. | L.N.C. Ampliar imagen Una mercería con mucho encanto… y como tantas del gremio, muy antigua. | L.N.C.
Toño Morala | 30/03/2020 A A
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Mercerías, el comercio de los apaños
Sociedad "Coge lo que necesites y hazlo tú" parece el lema de esos comercios en los que se apilan cajas de cintas, pedrería, lazos...
Vuelvo a mi suegra, que si estuviera viva, y viera lo que estoy escribiendo; ella que fue modista y muy apañada, durante casi toda su vida… pues diría, imagino, que me meto en unos berenjenales por esto de la memoria y el recuerdo, y con estas cosinas que parece ser vuelven a estar en el candelero de las modas… y también, seguro que me echaba una buena mano con los nombres de algunas de ellas; pero como uno es muy apañado, pregunto a las abuelas del barrio a través de la terraza, y entre risas, me van diciendo cosas que ya verán… y además socializamos algo la vida. El otro día, Rosa, la maestra jubilada, me comentó… - ¡Pon lo de los arreglos de las cremalleras, que todas o casi todas se arreglaban con paciencia y buen tino! Vale, dicho queda. Otra, Maruja, que fue pescadera durante décadas, me dice… - ¡Pon lo de los lazos que hacíamos a las niñas para el pelo cuando eran pequeñas, y qué guapas iban con aquellos lazos de colores y anchos, cuanto más anchos mejor! Queda dicho. Y esa vecina tan risueña que tengo debajo, Concha se llama, es gallega hasta en los andares, lleva aquí más de treinta años y sigue con el deje gallego… - ¡Cita las cintas de los vestidos de las niñas cuando iban a misa los domingos! Y así vamos a seguir hurgando en las cosas, estas cosas de mercerías, esas pequeñas tiendas en los centros de las ciudades, de los barrios, de algunos pueblos y, ahora también se pusieron de moda en los grandes centros comerciales; locales ya muy antiguos por lo general que venden artículos indispensables y fundamentales para la vida… cintas, pasamanería, pedrería, cuentas, plumas, madroños, pompones, borlas, encajes, puntillas, hilos, cordones, flecos, bordados, etc. Y aquí en la nuestra tierrina, muchas venden los lazos para el ramo leonés.

Una mercería, cordonería o sedería, blorchería, es un establecimiento en el que se venden productos de costura, punto, manualidades y lencería en las que se encuentra todo lo necesario para realizar tales labores, así como otros adornos, abalorios, quincallería y complementos. También existen grandes mercerías, que ofrecen un completo surtido de artículos de costura: cintería, botones, hilos, corchetes, agujas, blondas, dedales, etc. Repuestos textiles como hombreras, coderas, rodilleras, sobaqueras… Adornos textiles: bordados, pasamanería, encajes, flecos, galones… Artículos de estética personal: adornos para el cabello,-pinzas, pasadores, peinetas…- bisutería. Para otras labores; almazuela- también conocido como “patchwork” (bordados), encaje de bolillos, ganchillo, macramé, punto, punto de cruz, entre otros. Ropa de bebé y otras prendas pequeñas: peleles, zapatos y sandalias, toallas, cinturones, medias en general, ropa íntima; y también se venden hilos, agujas, alfileres y otros objetos para costura, que tela marinera… Y si escribimos de las mercerías antiguas, con aquellas escaleras estrechas para alcanzar los cajones y paquetería de las estanterías más altas; algunas llamaban la atención por su colorida fachada de cristales pintados con bellas damas. Nuestras madres siempre lo tuvieron muy claro. Cuando de pequeños nos hacían ropa o tenían que arreglar alguna prenda, en estas mercerías tenían todo lo que necesitaban. Confiaban plenamente y sabían a ciencia cierta que allí encontrarían esas rodilleras y coderas, la pasamanería para las cortinas, los botones del abrigo de los domingos… Era un hecho cierto que si no lo encontraban en aquellas mercerías, no existía. Y con esto de la crisis, parece ser que es uno de los pocos sectores que todavía no se ha visto gravemente afectado. En cierto modo, los productos de mercería se han visto favorecidos en sus ventas, ya que la gente recicla, cambia y cose sus propias prendas, ahora se lleva el… “hazlo tú mismo”. Bueno, siendo un poco manitas, puede, pero si no, hay que dejarlo en manos de las expertas madres o abuelas, pero cuidado, que también hay hombres que cosen de maravilla.

Mercería, cordonería o sedería, blorchería, allí hay productos de punto, manualidades, costura y lencería La pasamanería es el conjunto de objetos de decoración confeccionados a base de cordones, borlas o galones. Es toda tela menor de 15 cm de ancho, como cuerdas, cordones, elásticos, galones, listones, flecos, espiguillas, soutache, cintas. Se pueden utilizar una gama amplia de materiales para su fabricación. La pasamanería se utiliza como ornamento en fundas y cortinas o como ribete de tapicerías, colchas y otros objetos. En la actualidad, también se emplea en marroquinería, indumentaria, decoración de accesorios y también en bisutería. Y no olvidemos los trajes tradicionales de nuestras comarcas, también se visten de estas cosinas de las mercerías. Las cintas en la historia de la moda: la importancia de las cintas se puede apreciar en las obras de arte. Se sabe que en las antiguas civilizaciones mesopotámicas y griegas se llevaban ceñidas en la frente. Esta cinta representaba, entre otras cosas, el símbolo de victoria para los atletas vencedores en los Juegos Olímpicos. Además de esta función simbólica, las cintas de seda –la fibra que más ha representado el lujo en la historia– han tenido un uso suntuario. Se han utilizado como un signo externo de riqueza aplicado a las vestiduras junto a blondas, brocados y pasamanerías. Del siglo XVI al XVIII decoraron indistintamente prendas masculinas y femeninas, pero a partir de la Revolución Francesa se feminizaron definitivamente. Durante los siglos XIX y XX se usaron como “joyas” de los pobres en toda Europa como soporte de colgantes, gargantillas, medallas militares y adornaban los peinados, el calzado, los sombreros y los vestidos de fiesta populares. En resumen, según los historiadores de la moda, las cintas de seda han sido un símbolo de elegancia a lo largo del tiempo. Las cintas bastas y los cordones trenzados han sido desde la antigüedad una necesidad en la confección, usados para reforzar la estructura y para unir distintas partes de las prendas.

Según algunos expertos, se pueden distinguir tres etapas en la historia de los telares de cintas: Telar simple hasta finales del siglo XVI. Se usó un telar individual para tejer una sola cinta técnicamente idéntico al telar horizontal para tejido ancho, pero de dimensiones más reducidas. Los telares de barra tejían ya 12 cintas al mismo tiempo y pronto llegaron a las 24. La evolución en el textil fue más bien rápida. La difusión del telar por Francia, ya en el siglo XVIII, fue iniciada por empresarios suizos en Marsella y Saint Étienne (cerca de Lyon). En este estado de cosas, el telar llegó a Manresa entre 1750 y 1775 procedente de Inglaterra. El telar siguió evolucionando en otros puntos de Europa. Se inventó el batán de cremallera, que permitía mejorar notablemente la calidad de los bordes de la cinta de seda. Asimismo, cabe remarcar el telar de doble pieza para tejer cintas de terciopelo y la aplicación al telar de múltiples cintas de la máquina de Jacquard, que permitirá tejer en serie cintas espolinadas, es decir, con dibujos de colores que parecen bordados por efecto de la evolución individual de los hilos de la urdimbre. Si es que donde hay imaginación y ganas… La revolución del telar de agujas; a partir de los años 50 del siglo XX se perfeccionó en Gran Bretaña y en Estados Unidos la técnica de un nuevo tipo de telar sin lanzadera que permitía multiplicar por 10 la velocidad del tejido de cintas. Primero, se aplicó con dificultad, pero finalmente se ha impuesto y, hoy en día, se ha convertido en la principal herramienta de los cinteros. Se trata de telares pequeños, que tejen hasta 4 o 6 cintas al mismo tiempo y alcanzan velocidades de una 10.000 pasadas por minuto. Como ven, aparentemente es fácil el ir a la mercería y comprar todas estas cosinas para hacer más bella la vida, pero ahora sabemos que no todo es tan fácil a la hora de confeccionar algunas prendas y abalorios… y no hay que dejar en el olvido a madres y abuelas… la de apaños que nos hacían en las ropas, y el legado textil tradicional.
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