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Menos rosa y más investigación

Menos rosa y más investigación

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Sofía Morán de Paz | 27/10/2019 A A
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Menos rosa y más investigación
A debate Por Sofía Morán de Paz
El cáncer de mama es el tumor maligno más frecuente entre las mujeres de todo el mundo. Cada año se diagnostican en España más de 30.000 nuevos casos, y se estima que 1 de cada 8 mujeres lo tendrá a lo largo de su vida.

El 19 de octubre es su día, y entorno a él, se organizan carreras y actos de todo tipo, campañas de prevención, noticias en los medios de comunicación, los imprescindibles lazos rosas en las solapas, globos rosas al cielo, pañuelos y camisetas rosas… Todo ello acompañado siempre de un sorprendente tono festivo y alegre, como si fuera una especie de celebración. Algo que, si lo piensan bien, sólo ocurre con este tipo de cáncer.

Es evidente que todos tenemos en la cabeza los datos y sabemos que, actualmente, más del 80% de las mujeres con cáncer de mama logra curarse. Esa es, supongo, la parte más rosa del asunto.

Tendemos a olvidarnos, sin embargo, del 20% restante, de la otra cara de la moneda, esa parte menos amable, que vende menos, y que es más negra que de cualquier otro color.
Porque más de 6.000 mujeres fallecen cada año por el cáncer de mama metastásico, ese tumor que además de al pecho, llega a otras partes del cuerpo, como el hígado, los huesos o los pulmones, y donde la única esperanza posible, es intentar cronificar la enfermedad a través de los tratamientos.

Así que «menos rosa y más investigación», que es el lema que promueven quienes viven la enfermedad de otra forma, quienes quieren reivindicar y pelear, pero ya hace tiempo que no tienen ganas de celebrar.

El diagnóstico no es de color rosa, tampoco lo son las operaciones, ni los tratamientos, la quimioterapia o los efectos secundarios.

El problema es que el rosa vende, y vende mucho, y sino, que se lo pregunten a todas las marcas que se apuntan cada año a su mejor estrategia publicitaria, el «octubre rosa». Ahí donde prometen donar una (pequeñísima) parte de la compra para la investigación, para la prevención, y donde, piénsenlo, somos los propios consumidores los que ponemos el dinero para la causa, pero es la marca (que no pone un duro) la que sale ampliamente beneficiada, por las ventas extras y por la fantástica imagen solidaria y comprometida que ofrece con esta iniciativa. ¿No es este el negocio del año?

Explíquenme qué pasa con las carreras solidarias. Vas, te apuntas, y pagas un dorsal de 7 euros. Tus 7 euros. Pero a la lucha contra el cáncer le llegan 2. ¿Cómo es esto posible? ¿Quién hace entonces el negocio?

Sí, ya sé, nos dicen que hay que pagar «los gastos», aunque nunca nadie especifica qué coño son esos gastos. Quien organiza, ayuda y patrocina, ¿no lo hace de forma gratuita?
No me entiendan mal, es necesario participar, apoyar, donar y ayudar, pero hacerlo siempre desde una posición crítica y racional, haciendo preguntas, informándonos sobre dónde van nuestras aportaciones y qué se hace con ellas.

A veces se hacen estúpidos carteles, de esos que te encuentras, y sólo te producen un intenso ardor de estómago. Imaginen un enorme lazo rosa acompañando la siguiente frase: «Sonríe, es la mejor cura contra el cáncer». A mi padre le da un poco de vergüenza que les escriba con palabras malsonantes, pero es que, ¡hay que joderse!

Son muchas las mujeres que, tras el diagnóstico, están desconcertadas porque no saben cómo deben sentirse. Les dicen que son guerreras, luchadoras incansables y que para ellas el miedo, la rabia y la tristeza no tienen cabida, no son aceptables. Se trasmite constantemente la estúpida idea de que, para sobrevivir, hay que mantener intacto el optimismo y la alegría, y participar siempre de esa ridícula tiranía de la felicidad. Siempre y en todo lugar, más aún si tienes cáncer, más aún si tienes el cáncer rosa.

Así que, si no te curas, es un poco responsabilidad tuya ¿no?, porque no lo habrás enfocado bien. Ya me entienden.

El cáncer se cura con investigación y tratamientos médicos, lo de sonreír es opcional. Todas las emociones son buenas, y todas tienen su función.

Menos tonterías, y más investigación.

Sofía Morán de Paz (@SofiaMP80) es licenciada en Psicología y madre en apuros
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